viernes, 2 de diciembre de 2016

LA PRINCESA Y LOS TRASGOS

La princesa Irene y Curdie, Jessie Willcox Smith (1863-1935).



"Yo escribo, no para niños, sino para aquellos que son como niños, ya tengan cinco, cincuenta, o setenta y cinco años."

George MacDonald, "La imaginación fantástica".


Pero… ¿este libro es un cuento de hadas? Sí, lo es, y de los mejores; convertido en novela, desde luego, pero no por ello ha dejado de ser un cuento maravilloso.

La historia de George MacDonald, publicada en 1872, tiene como protagonista a una pequeña princesa llamada Irene que vive en un castillo en medio de las montañas, en el interior de las cuales trabajan afanosos y esforzados mineros para arrancar los metales preciosos que allí se ocultan. La princesa es acosada por duendes oscuros que viven en las profundidades de la tierra (los trasgos) y que a veces suben al castillo a través de las bodegas. Y es que los pérfidos trasgos maquinan raptar a Irene para entregarla en matrimonio a su malvado príncipe. Curdie, un audaz y valiente niño que trabaja en la mina, trata vanamente de impedirlo; sólo la intervención de la vieja dama que habita en lo alto de la torre (la bisabuela, "the great, great, grandmother"), y la fe que Irene deposita en ella, conseguirán desbaratar los planes maléficos de los trasgos, todo ello tras múltiples tribulaciones y aventuras que, por supuesto, dejo para el libro.

Historia apasionante, absorbente, con buenos y malos, con persecuciones, raptos e intrigas, desarrollada con brillantez a través de una trama trufada de suspense, misterio y humor; ciega de razones y plena de símbolos. Una fantasía heroica y mágica que encantará a los niños.

Podría detenerme aquí, pero no quiero dejar pasar la ocasión para profundizar algo más en el libro. Y es que bajo esta superficie de aventuras y fantasía, subyace en el relato un mensaje oculto que pasará desapercibido a los niños. Así, de modo más tenue y subterráneo, la novela traza las líneas maestras de un relato religioso presidido por la alegoría y el simbolismo. El simbolismo de las escaleras (la escalera de Jacob), de las habitaciones en las que busca refugio la princesa (Juan, 14-2.), de los seres subterráneos que acosan desde la fealdad y la penumbra, de la negra oscuridad que acecha en la noche y en las profundas cuevas como un poder nefando, pero que es disipada, alumbrada, por rayos de luz que oportunamente aparecen para salvarnos cuando más perdidos estamos (el Prologón del Evangelio de San Juan), y la convicción de que cuando las cosas malas que nos asedian aparecen, la mayoría no surgen de fuera, sino desde nuestro interior.


La princesa Irene con su Bisabuela. Jessie Willcox Smith (1863-1935).
Pero no debemos olvidar a la bisabuela de blancos cabellos y jóvenes ojos azules, que siempre aparece allí donde se la necesita, para, con palabras de aliento y consejos de ayuda, reconducirnos al buen camino. A este respecto hay una escena clave en la novela; me refiero a aquella en la que Irene lleva a Curdie a la torre para que conozca a su bisabuela. Curdie, sin embargo, es incapaz de verla; sólo ve una habitación vacía. Esta escena expresa la idea de que la fe sobrenatural es imposible sin la gracia. Curdie no puede ver a la bisabuela porque aún no ha recibido esta virtud, aunque, más tarde, a través de su confianza en Irene, la recibirá cuando más la necesite.

Toda esta simbología cristiana se encuentra presente como un leitmotiv secreto en el libro y aunque, como he dicho, no será percibida por los niños, penetrará en su inconsciente preparándolos para comprender. Por eso me gusta, por eso me apasiona, por eso cautiva. Leed a MacDonald, leedlo y dádselo a leer a vuestros hijos, os lo agradecerán.

A partir de los ocho o nueve años puede ser un buen momento para su lectura.

5 comentarios:

  1. La Princesa y los Trasgos fue lo primero que leí de MacDonald y lo último ha sido Phantastes, que ya no sé si puede considerarse literatura infantil; yo creo que no estrictamente. Y sigo leyendo a MacDonald y creo que releeré Phantastes toda la vida. Lewis dijo que él "bautizó su imaginación". Es imaginación sacramental. Y es maravillosa.

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  2. Apreciado Miguel, paso nada más que a agradecerte, y a decirte que te has metido en un brete. Maravilloso, pero brete. Pues ahora tendrás que mantener el paso, para que yo pueda seguir agradeciéndote (y haciéndolo correr). No sólo has hecho bien, sino que lo has dicho bien. Algo así era necesario, como los niños. Un fuerte abrazo desde la Argentina

    Alex

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  3. Posiblemente es cierto Alex, pero, sinceramente, en estos momentos no me importa el estar en un brete. Tratándose como se trata de un reto, lo que me preocuparía no es que el objetivo fuese demasiado alto y que por eso el mismo estuviese fuera de mi alcance, sino que el objetivo fuera demasiado bajo y que por eso estuviera en riesgo de alcanzarlo. Afortunadamente creo estar en el primer caso, y por eso probablemente esté un brete como dices, pero por eso mismo, paradójicamente, me encuentro tranquilo y con ánimo. A ver si persevero y mantengo el interés. Eso querrá decir que existe la posibilidad de que lo que estoy haciendo pueda llegar a ayudar a alguien. Como en tu caso, solo que en lo tuyo existen ya pruebas irrefutables de que ayuda y mucho. Por cierto agradezco enormemente tu generosidad al incluirme en tus páginas.

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  4. ¿Qué opina de que los chicos vean antes la película (en dibujos animados o real) antes que leer el libro (me refiero a cualquier historia)? Esta historia de la princesa y los trasgos, tiene la suya.
    Creo que todo está en versión audiovisual hoy. Y a veces tengo la idea de ponerles un video a los chicos, pero a priori me da pena. Como que pierden algo...
    Euge

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    1. De entrada Euge, si los niños ven la película antes probablemente perderán la oportunidad de hacer una lectura personal y se acogerán a la del cineasta. Creo que era Castellani el que decía que no iba al cine porque le gustaba saber quien era su profesor de moral. Yo no voy tan lejos como Castellani. Me gusta el cine, el buen cine y creo que si lo que se muestra a los niños es cine de calidad, hasta podría ser educativo que vieran la película, pero después. De esta manera podrán apercibirse de lo que antes hemos comentado y también de que, forzosamente, por la naturaleza del medio, al trasladar la obra al cine se queda gran parte de la misma por el camino. De todas maneras este es un tema grande, que, además, confieso que me queda grande a mí.

      Un saludo cordial.

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