jueves, 25 de octubre de 2018

OLIVER TWIST. EL PRIMERO DE LOS HUÉRFANOS DE DICKENS

El sueño de Dickens, obra inacabada de Robert Williams Buss (1804-1875). 



“Nadie carece de utilidad en el mundo si alivia la carga que este supone para otro”.

Charles Dickens


Hay quien argumenta con bastante solidez que, después de Shakespeare, Charles Dickens es el mejor escritor en lengua inglesa. Algo menos disputada sería la tesis de que en sus obras trata temas duros y pone al lector cara a cara con épocas ásperas y personajes miserables. Y sin embargo, a pesar de todo ello, sus historias son inmensamente cautivadoras. 

En la novela de que voy a hablarles –Oliver Twist–, así como también, por ejemplo, en Tiempos difíciles (1854), en Casa desolada (1852) o en La pequeña Dorrit (1855), Dickens atacó las instituciones públicas y privadas inglesas con una ferocidad a la que nadie nunca ha osado acercarse. Pese a ello, se las arregló para hacerlo sin hacerse odiar, y más aún, terminó convirtiéndose en lo que es: una institución nacional y una figura representativa a nivel mundial. A decir de George Orwell, “Dickens parece haber tenido éxito en atacar a todos y en no antagonizar con nadie”¿Cómo es esto posible? Quizá la razón estribe en que todo lo hizo con un encanto irresistible.
Retrato de Oliver, el protagonista, realizada por Christian Birmingham. 
Y es en este encanto en el que quiero detenerme, en esta mezcla de humor y drama en la que se movió como pez en el agua nuestro autor. Porque a pesar de lo sombrío y trágico de sus temas, el escritor inglés se las ingenió para que sus historias no resulten sórdidas ni morbosas. Así ocurre con Oliver Twist (1838), la novela de que voy a hablar hoy.

Ya en esta, su segunda novela, Charles Dickens pone de manifiesto lo que sería una de sus constantes temáticas: su atención a los pobres y su condena al abuso a que estaban sometidos en la Inglaterra de la Revolución Industrial. Sin embargo, y aunque su denuncia y su crítica no la realizó bajo el amparo expreso de ninguna fe religiosa, un vago cristianismo latente puede ser percibido en su obra. Ciertamente, jamás ocultó su animadversión por la Iglesia Católica Romana (quizás por una falta de fe, causada, a decir del algunos, por un problema de comprensión de aquello que damos en llamar Providencia Divina), pero la huella de su educación anglicana nunca le abandonó y la preocupación por los desfavorecidos y oprimidos puede rastrearse a lo largo de toda su obra, con la caridad, el sacrificio y la entrega a los demás como valores presentes en casi todas sus novelas, tal y cual sucede en la que nos ocupa, Oliver Twist.
Ilustraciones de la novela, Bumble y Oliver, de Harold Copping (1863–1932) y Oliver, de Donald Teague (1897-1991).

Dickens probablemente poseía –como el mismo hace decir a uno de sus personajes en Nuestro amigo común (1864)–, “un corazón que jamás se endurece, un carácter que nunca cansa y un tacto que nunca lastima”, y si bien –como he dicho–, descendió a abismos oscuros, el acompañarlo en tales descensos acarrea convenientes lecciones. Porque, como dijo Chesterton: “Dickens demostró haber estudiado la vida, y que podía convertir la vida en literatura”.

En Oliver Twist nuestro protagonista en un huérfano, y el mensaje subliminal que esto trae consigo ya lo he comentado en este blog (todos somos huérfanos, todos estamos en una búsqueda existencial y finalmente todos podemos ser rescatados por una adopción sobrenatural. Ver la entrada Las historias de huérfanos). Pero el libro contiene alguna otra lección: la tesis principal de la novela es que un niño bueno y decente como Oliver puede resistir con éxito a la tentación y permanecer incólume a la corrupción. A este respecto es importante recordar que la novela de Dickens se tituló originalmente Oliver Twist, o el progreso del niño de la parroquia, una clara referencia a la alegoría cristiana de John Bunyan, El progreso del peregrino

La historia es más o menos como sigue: Oliver, abandonado al nacer, pasa sus primeros años en el orfanato de una parroquia. A los nueve años es enviado a trabajar fuera del hospicio, momento a partir del cual comienzan para él una serie de aventuras y desventuras que van, desde frecuentar los bajos fondos londinenses –dónde es forzado a unirse a en una banda de ladronzuelos callejeros dirigidos por el judío usurero Fagin–, a ser finalmente auxiliado por el benefactor Sr. Brownlow, no sin antes ser acogido por un tiempo en la casa de la señora Maylie y su ahijada Rose, una joven pura, inocente y hermosa, cuyo nebuloso pasado se entremezclará finalmente con el suyo. Por último, una serie de casualidades a cual más extraordinaria hacen que el joven huérfano reciba una merecedora recompensa acorde con sus bondades y desvelos, incluido el descubrimiento de sus orígenes, en tanto que en su camino se cruzan hombres generosos y cabales como el citado Sr. Brownlow y criminales maliciosos y violentos como el despreciable Bill Sikes. 

Ciertamente, en la novela –como en los demás trabajos iniciales de Dickens– hay una visión maniquea del mundo, con personajes totalmente malos y personajes totalmente buenos enfrentados una lucha terrible (que representa la batalla entre las fuerzas espirituales y terrenales del bien y el mal), sin que sus malos malísimos tengan siquiera opción a alguna a la redención, aunque hay que resaltar que la historia termina mostrando que el bien siempre prevalece al final.

Dejo a su criterio el juzgar la conveniencia de su lectura teniendo en cuenta la madurez del niño y la temática de fondo ya comentada. No obstante, creo que Oliver Twist es perfectamente legible para niños de 13 años en adelante; por cierto, me viene a la memoria una cita de Chesterton aplicable al caso que, más o menos, dice así: “La vida de héroes y villanos es la vida tal y como es realmente. Toda aquella literatura que nos presente la vida como peligrosa y sorprendente es siempre más verdadera que aquella otra literatura que nos la hace ver languideciente y llena de dudas. Porque la vida es una lucha y no una conversación”.

Y termino con un deseo. Que Oliver Twist sea la primera novela de Dickens que sus hijos lean y que tras su lectura les pidan alguna de sus otras obras, usando quizá las palabras de Oliver, aunque, afortunadamente, en un sentido distinto: –Mamá, Papá, “por favor, quiero un poco más”.

4 comentarios:

  1. Es interesante de advertir la velada crítica que suelen hacer los economistas liberales hacia la visión de la sociedad industrial que plantea Dickens en sus novelas; la objeción podría resumirse así: al contrario de la propaganda de izquierda, la Revolución Industrial "comenzó a terminar" con la pobreza secular de las masas populares. Pero ello no fue instantáneo sino un proceso lento y con vaivenes; Dickens habría visto sólo el lado negativo del proceso, protestó duramente en sus novelas contra la "ya debilita práctica de trabajo infantil que mantuvo vivos a muchos niños que habría muerto" antes de la citada revolución:

    "Por otra parte, por primera vez en la historia se empezó a cuestionar hasta qué punto la pobreza era tolerable. Antes de la Revolución Industrial todo el mundo era pobre. La pobreza no representaba un problema que fuera susceptible de estudio. Fue solamente a partir de que una mayoría alcanzara niveles de riqueza, teniendo en cuenta los baremos históricos, cuando la gente empezó a preguntarse por qué algunas familias no habían salido aún de la pobreza. Por eso Charles Dickens detestaba la ya debilitada práctica de trabajo infantil que mantuvo vivos a muchos niños que habrían muerto en épocas anteriores a la Revolución Industrial."

    https://www.elcato.org/las-raices-del-liberalismo

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    1. Como siempre usted ilustrándonos. Agradecido.

      Un saludo cordial.

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  2. Encantada con el blog. Hipnotizada, dirían algunos. Además de formación y reflexión, leerte es un deleite. ¡Felicitaciones!

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    1. Muchísimas gracias Guadalupe, me alegro que lo encuentre interesante. Trataré de que así siga siendo.

      Un saludo cordial.

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