jueves, 23 de marzo de 2017

TRES PEQUEÑOS LIBROS PARA NIÑOS PEQUEÑOS

El conocimiento es poder de Seymour Joseph Guy (1824-1910) y Joven leyendo frente al fuego con su gatito de James Pelham (1800-1874)


«Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos.»

G. K. Chesterton



A continuación voy a hablarles de tres pequeños cuentos que leíamos a nuestras hijas cuando eran muy pequeñas. Son cuentos deliciosos, tiernos  y sencillos. Cada uno de ellos me trae gratos recuerdos y no me cabe duda de que merecen ser leídos.

LA SEMILLA DE ZANAHORIA. Escrito por Ruth Krauss e illustrado por Crockett Johnson. 1945 

Portada del libro
Se trata de un libro insignificante, brevísimo y extremadamente simple. El libro del matrimonio compuesto por Ruth Krauss (texto) y Crockett Johnson (ilustración), este último de quien ya hemos hablado, se publicó en 1945 cuando acababa de terminar la II Guerra Mundial y su protagonista es un niño pequeño que planta una semilla de zanahoria, a pesar de que su familia está convencida de que nunca brotará. 

Tres ilustraciones del libro por Crockett Johnson (1906-1975)
Krauss nos presenta, con solo 101 palabras, la historia de este pequeño niño que se enfrenta a su madre, a su padre y a su hermano mayor para defender aquello en lo que cree con pasión. Un niño audaz y testarudo, pero respetuoso y firme. La semilla de zanahoria es una historia pequeña sobre la perseverancia y la fe, una fe, ingenua, imperturbable y silenciosa, en una pequeñísima semilla de zanahoria. Nada logrará quebrar la confianza del chico, a pesar de que sus parientes más cercanos traten de disuadirlo. Cuando hay pasión y fe hasta el más pequeño puede resistir. Al final su fe y su perseverancia tienen su recompensa y la semilla, cuidada con paciencia y cariño, da su fruto. Los niños aprenderán que la confianza, el trabajo duro y la persistencia pueden ser premiadas con mayor recompensa de la esperada.

Un libro tierno y fuerte a la vez.

Para niños de tres o cuatro años.


UN HOYO ES PARA ESCARBAR. Escrito por Ruth Krauss e  illustrado por Maurice Sendak, 1952

Portada del libro
Plenamente original en su enfoque y contenido, en este "primer libro de primeras definiciones" la señora Krauss, con la ayuda de los propios niños, nos da un pequeño diccionario que contiene imperdibles y preciosas joyas verbales; así junto a "Un hoyo es para escarbar", que da titulo al libro, nos encontramos con el indeleble "Las cejas son para ir por encima de sus ojos", el sólido "El mundo es tener algo sobre el que apoyarse", los inmensamente lógicos "Una concha marina es para oír el mar" y "Los gatos son para que tengas gatitos", o el decididamente práctico "Los botones son para mantener a la gente caliente”.

Una de las ilustraciones de Maurice Sendak (1928-2012)
Una pregunta que surge al leer el libro es si Ruth Krauss realmente recogió estos dichos de los propios niños, tal es el realismo infantil de su expresión. Sin embargo ella declaró queAnd in her inimitable style, I can remember a cackling laugh, and her saying almost apologetically with a big broad smile that no, most of it had been her idea. la mayoría habían sido de invención, aunque su fuente original se encontrara en su extraordinario conocimiento de los niños. Desde luego el libro es un claro testimonio de este conocimiento.

Los dibujos de Sendak ilustran a la perfección, con sencillez y gran expresividad, la colección de definiciones infantiles de Krauss. Along with “A hole is to dig,” in multiple embodiments, we find the indelible “Eyebrows are to go over your eyes” and “The world is to have something to stand on.”

Perfecto para comenzar con los niños un juego fascinante en busca de divertidas y disparatadas definiciones de las cosas más cotidianas y sencillas que nos rodean.

De tres años en adelante.


BUENAS NOCHES LUNA. Escrito por Margaret Wise Brown e ilustrado por Clement Hurd. 1947

Portada del libro
Margarert Wise Brown tenía un enorme talento para divertir, deleitar y reconfortar a los niños pequeños (sus más de 100 libros infantiles lo corrobora). Ella era particularmente sensible al sonido, como lo demuestra este libro, en el que el silencio y los pequeños sonidos y ritmos del entorno cotidiano del niño tienen gran protagonismo.

El texto de Margaret Wise Brown representa, en forma de rima, el ritual de un niño pequeño que da las buenas noches a todo a su alrededor. Es poco más que un catálogo rítmico de objetos, una lista de detalles que anima a los niños que lo escuchan a buscar aquello que se menciona entre los dibujos realizados por Clement Hurd. Al hacerlo, las imágenes muestran más de lo que las palabras pueden decir; logran lo que Ronald Barthes llamó "unidad a un nivel superior" entre la imagen y la palabra. 

El libro  trata de un conejito que se prepara para dormir. El conejito, acompañado de su anciana abuela, va diciendo buenas noches a todos los objetos de la habitación. La "pequeña habitación" es un teatro, y tiene sus propias luces; las imágenes que usan tonos oscuros, parecen más sombrías y más acogedoras que las más claras y hay una perceptible graduación de tonos entre las páginas de apertura y el acogedor final, de manera que la habitación gradualmente ensombrece.

Una de las ilustraciones finales del libro por Clement Hurd (1908-1988)  
Buenas noches Luna ha sido definido como un objeto de transición que contiene en sí mismo muchos otros objetos de transición, aliviando así las ansiedades que se presentan al niño a la hora de acostarse, tranquilizándole antes de que las luces se apaguen para dormir. El ritmo pausado y suave de las palabras y las sencillas y gradualmente oscurecidas imágenes, ayudan a adormecer a los niños mas pequeños. Puedo aseguraros que el libro, leído con suavidad y cadencia, conduce a los niños a un sueño apacible.


Libro de ritual excelente para leer a los niños a la hora de dormir.


sábado, 18 de marzo de 2017

DE NUEVO CON LAS LISTAS

Joven niña leyendo de Federico Zandomeneghi (1841-1917)




«No merece la pena leer ningún libro a los cinco años a menos que merezca la pena leerlo también a los cincuenta y más.»
C. S. Lewis


Hace poco he leído un artículo científico sobre el asunto de los gustos literarios de los niños en relación con las recomendaciones de los adultos, esto es, si estas influyen en aquellos y en qué medida. El estudio se efectuó en EEUU y se concentró en dos listas anuales de los mejores libros infantiles en los Estados Unidos entre los años 1974 y 2004: los Libros Infantiles Notables de la Asociación Americana de Bibliotecas –elegidos por un comité de bibliotecarios– y las selecciones hechas por niños de la Asociación Internacional de Lectura por los Niños. Los resultados fueron bastante desoladores: en lugar de una superposición esperada del 50% de los títulos (porcentaje que a mí ya me parece bajo), sólo se encontró un solapamiento del 4,36% promediado por el período de treinta años. Estos resultados sugieren una divergencia significativa entre los criterios de los adultos y los gustos de los niños.

Como era de esperar, el articulo finalizaba con unas recomendaciones para afrontar la cuestión (“si es que queremos ayudar a todos los niños a convertirse en lectores fuertes y ávidos”, dicen los autores), recomendaciones que apuntaban en el sentido, no de buscar medidas para que los niños apreciasen aquello que los adultos consideraban beneficioso para ellos, sino de pedir a esos adultos que adaptasen sus exigencias a lo que los niños gustaban. Una solución muy moderna esta de dar prioridad al criterio de aquellos que no saben ni tienen siquiera experiencia en el asunto y de dar prevalencia a la apetencia subjetiva del sujeto sobre cualquier otra consideración. Sin duda podemos encontrar el origen de esta tendencia nefasta en nuestro amigo Rousseau y su buen salvaje (¡dejad que el niño desarrolle espontáneamente sus apegos y sus potencialidades!) y también en la tendencia moderna o postmoderna, ya no sé, de mezclar los criterios con los gustos, el deber ser con el ser. Por descontado que con esto no estoy queriendo decir que se deba prescindir de los intereses y gustos de los lectores, en este caso de los niños, por supuesto que no, eso sería suicida. Pero estos deben entrar en una ponderación con otros y ser considerados siempre como un medio y no como un fin.

Tres niñas leyendo de Walter Firle (1859 – 1929)

Lo relatado es simplemente una anécdota, pero también representa un síntoma, uno más de una enfermedad espiritual que no para de extenderse, y que ya tiene los caracteres de una pandemia moral.

Yo sigo pensando que en esto, como en todo lo demás, el adulto debe guiar al niño hacia lo que es bueno, bello y verdadero, cosa que, por mor de la caída (“la raza humana está implicada en alguna terrible calamidad original”, decía el Cardenal Newman), no es, desgraciadamente, nuestro fluir natural, que más bien tiende al desorden. Sabemos que sin la ayuda imprescindible de la Gracia no es posible subvertir esta tendencia, y que, además, habremos de poner algo de nuestra parte en el combate, al menos habremos de intentarlo; como dejó dicho T.S. Eliot: “para nosotros está el intentarlo, el resto no es cosa nuestra…” .

Cuentos de hadas de Mary Lightbody Gow (1851 - 1929) y La hora del cuento de Seymour Joseph Guy (1824-1910)
Por todo ello he insistido, sigo insistiendo e insistiré en la importancia fundamental de nuestra intervención, desvelo y dedicación (inspirada por el amor), en la educación estético-moral de nuestros hijos a través de la literatura, y por lo mismo persisto y persistiré en este blog y en esta actitud de lucha y de combate. Por ello vuelvo con las listas, sí, con los criterios y consejos de adultos, sí (pero no de la Asociación Americana de Bibliotecas, que no me inspira confianza desde hace bastantes años), y alejado de los gustos pasajeros y desordenados de infantes, sí (por otro lado manipulados en sus apetencias por otro tipo de consejeros que, además, son del todo desconocidos personalmente para nosotros los padres: internet, la TV, la radio, la música popular moderna, los videojuegos, el cine y la pseudoliteratura).

Así que ahí va el resto de la lista de John Senior para toda una vida, que el otro día les anuncié, concretamente los estadios por él llamados como Adolescencia (12-16) y Juventud (16-20). La lista es maravillosa, lúcida e inmensamente útil, y ello tanto para aquellos que comulgan con sus creencias (como yo), cuanto para aquellos otros que muestran una inclinación natural por la belleza, la verdad y el bien (afectio esta que también profeso, o eso es mi convicción), pero que quieren mantenerse alejados de lo trascendente (con enormes costos y esfuerzos, sostengo). 


Si algo podríamos decir los castellano parlantes de la lista de Senior es que en ocasiones hace defensa de lo local, de aquello que constituye su cultura natal, algo que por otra parte resulta lógico: incorpora muchos títulos sobre la epopeya colonizadora de su país, sea de los primeros colonos, sea del Far West, y se olvida de títulos de altura de la cultura en lengua castellana. En descargo de Senior hay que decir que ya nos lo advierte: “casi todos los autores (de la lista) han escrito muchos libros, algunos tan buenos como los dados; y sin duda hay autores de cierta importancia que accidentalmente pueden quedar fuera”. En todo caso, nada grave, nada que no podamos reparar nosotros mismos. Y no cabe duda de que debemos estarle enormemente agradecidos por su labor de guía, enormemente.

A diferencia de la anterior ocasión, en este caso la lista de Senior viene sola; he tratado de buscarle acompañantes de altura y como no los he encontrado, he preferido dejarlo solo. Creo que Senior se basta y se sobra, veremos qué opinan ustedes. Los suyos son criterios sujetos a ponderación y reflexión, no a gustos, no a apetencias desordenadas. Espero que les resulte útil y grato.

Lista incompleta (y resumida) de John Senior para toda una vida (II):

ADOLESCENCIA (edades 12 - 16)

-Bronte, Emily. Cumbres borrascosas.
-Collins, Wilkie. La piedra lunar y otros.
-Dampier, William. Un viaje alrededor del mundo.
-Daudet, Alphonse. Tartarín, Fromont.
-Dickens, Charles. Rudge Barnaby; Nicholas Nickleby; La tienda de antigüedades.
-Doyle, Arthur Conan.  Sherlock Holmes serie; La Compañia Blanca.
-Du Maurier, George. Trilby.
-Dumas, Alejandro. Los tres Mosqueteros y otros.
-Eggleston, Edward. El maestro de Indiana.
-Eliot, George Romola;. Adam Bede; El molino del Floss.
-Fabre, Henri.  Selecciones de Recuerdos entomológicos.
-Hughes, Thomas. Días de escuela de Tom Brown; Tom Brown en Oxford.
-Hugo, Victor. Noventa y tres; Los Miserables; El jorobado de Notre-Dame.
-Ibáñez, Blasco, Vicente. Sangre y arena; Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
-Le Sage, Alain. Gil Blas.
-Park, Mungo. Viajes por África.
-Parkman, Francis. Oregon Trail.
-Poe, Edgar Allen. Cuentos y poemas.
-Polo, Marco. Viajes.
-Reade, Charles. El claustro y el hogar.
-Rodas, Eugene. Las mejores novelas y cuentos (editado por Dobie).
-Scott, Walter. Ivanhoe, Rob Roy y muchas otras.
-Shelley, Mary. Frankenstein.
-Shakespeare, Willliam. El sueño de una noche de verano, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia.
-Sienkiewicz, Henryk. Quo Vadis; A sangre y fuego.
-Swift, Jonathan. Los viajes de Gulliver.
-Wallace., Edgar. Cuatro hombres justos, Sanders del río;  otros.
-Wells, HG. La máquina del tiempo;. El hombre invisible;  otros.
-Wister, Owen. El virginiano.

JUVENTUD (Edad 16 - 20)

-Austen, Jane. Orgullo y Prejuicio;  y otros.
-Balzac, Honore. Papá Goriot;  y muchos otros.
-Bellamy, Edward. Mirando hacia atrás.
-Bernanos, Georges. Diario de un cura rural.
-Blackmore, Richard. Lorna Doone;  y otros.
-Borrow, George. Romany Rye;  y otros.
-Bronte, Charlotte. Jane Eyre.
-Buchanan, John. Los Treinta y nueve escalones;  y muchos otros.
-Butler, Samuel. El destino de la carne;  Erewhon o allende las montañas.
-Cabell, James Branch. Jurgen;  y otros.
-Cable, George Washington. Viejos días criollos;  y otros.
-Cather, Willa. Mi Antonia; La muerte llama al arzobispo;  y otros.
-Chejov, Anton. Cuentos; obras de teatro.
-Chesterton, GK.  Serie del Padre Brown; Un hombre eterno; Un hombre llamado Jueves.
-Colon, Cristóbal. Cuatro viajes al Nuevo Mundo.
-Conrad, Joseph. Lord Jim;  y muchos otros.
-Cook, James. Exploraciones del capitán Cook.
-De Maupassant, Guy.  Cuentos.
-Dickens, Charles. La casa desolada; Nuestro común amigo, Martin Chuzzlewit.
-Dostoievski, Fiodor. Crimen y castigo; Los hermanos Karamazov.
-Doughty, Charles. Los viajes por el Desierto de Arabia.
-Fielding, Henry. Tom Jones; Jonathan Wilde.
-Hakluyt, Richard. Viajes al Nuevo Mundo.
-Hawkins, Anthony Hope. El prisionero de Zenda.
-Hawthorne, Nathaniel. La letra escarlata; y otros.
-Irving, Washington. Vida de Colón; La conquista de Granada; La vida de George Washington.
-Jackson, Helen Hunt. Ramona.
-Lagerof, Selma. Jerusalén. Gosta Berling;  y otros.
-Loti, Pierre. Pescador de Islandia;  y otros.
-Manzoni., Alessandro. Los novios.
-Melville, Herman. Moby Dick; Billy Budd;  y otros.
-Moro, Tomás. Lalla Rookh.
-Morris, William. Noticias de ninguna parte.
-Scott, Robert. La última expedición de Scott.
-Shakespeare, William.  MacBeth;  Hamlet;  La fierecilla domada;  Como gustéis.
-Stendhal. El Rojo y el Negro; La Cartuja de Parma.
-Stanley, Henry Morton. Cómo encontré Livingstone.
-Thackeray, William Makepeace. La  Feria de las Vanidades;. Henry Esmond;  y otros.
-Tolstoi, Leo. Guerra y Paz;  y otros.
-Trollope, Anthony.  La serie Barchester.
-Turgenev, Ivan. Padres e hijos; Nido de Hidalgos;  y otros.
-Undset, Kristin. Sigrid Lavransdatter;  y otros.
-Verga, Giovanni. La casa del níspero;  y otros
-Washington, Booker T . De la esclavitud a la libertad




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