miércoles, 8 de febrero de 2017

CONSTRUYENDO UN HÁBITO


Mi gatito de Tatiana Deriy (1973-)






«Dimidium facti qui coepit habet - La mitad está hecha cuando se comienza»
Horacio



¡Ding-dong, hora de lectura!

¡Ding-dong, hora de lectura!

Esta era la cantinela con la que me dirigía a mis hijas haciendo una llamada al mundo de los libros, una vez que la edad de las protagonistas las hizo acreedoras de cierta autonomía.

De esta forma establecimos un tiempo (que fue variando de menos a más), en el que la familia en pleno se ponía a leer.

Porque, como sabemos todos, la referida autonomía, este uso de una libertad recién saboreada, es en los niños errática, y cómo no decirlo, en multitud de ocasiones, equivocada. Por esa razón tenemos que guiarles, lo que hacemos todos, día sí día no, con mayor o menor acierto. Y ojo, que he dicho guiarles, que no obligarles. Cierto, ese es el principio, pero son niños, caramba, y a veces –muchas más de lo que quisiéramos–, hay que encauzarlos.

Una de esas formas de encauzarlos es crear hábitos.

Jungle tales de Sir James Jebusa Shannon (1862–1923)

El hábito de leer es, en parte, y como se dice, un hábito, y todos sabemos aquello que ya Aristóteles decía de que «la excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía». Pues eso, en casa tratamos de crear un hábito como forma y manera de encaminar a nuestras hijas hacia la lectura, que de por sí es un acto voluntario como ninguno y placentero como no hay otro. Es decir, uno no lee por obligación, salvo que haya coerción, pero por la misma razón uno deja de leer en cuanto la coerción desaparece, salvo que entremedias… aparezca el deleite; se lee por placer básicamente, hay en la lectura un deleite estético que actúa como de adictivo y que, una vez que entra en nosotros, nos impide ya separarnos de los libros.

La cuestión es cómo llegar allí.

Bueno, pero no se nos escapa que lo que tratamos de esculpir no es un hábito cualquiera, y menos en este hoy tan poco propicio al papel y las letras; porque, como dijo el gran Gómez Dávila, «leer es recibir un choque, es sentir un golpe, es hallar un obstáculo. Es sustituir a la ductilidad pasiva y perezosa de nuestro pensamiento, los inflexibles carriles de un pensamiento ajeno, concluido y duro».

Leer es pues un esfuerzo, un duro esfuerzo a veces, pero que tiene recompensa si logramos despertar en los niños ese algo inasible que les atará sin remedio a los libros; porque –y vuelvo a Gómez Dávila– «los libros no educan sino a aquellos para quienes son una presencia viva, una existencia inmediata y carnal». Hay por tanto que vincularlos «físicamente» a los libros.

De ahí lo de la llamada; de ahí lo del establecimiento de un tiempo para leer; de ahí que en ese tiempo, todos, todos, leyésemos.

Jessie Willcox Smith (1863-1935)
Ya, pero sabemos por experiencia que crear un hábito no es labor de un día ni labor fácil, y sabemos también, como se ha comentado, que el leer es un acto esforzado. De hecho requerirá un compromiso de las dos partes (mayor, mucho mayor de la nuestra, claro), y lucha, mucha lucha. No os mentiré si os digo que llevó su trabajo, pero tampoco lo haré si os digo que valió la pena, ¡vaya si valió la pena!

¡Venga niñas, a poner la mesa que es la hora de la cena! – dice su madre.

Se oye, como a lo lejos, la voz de la menor que dice: – ¡Ya voy mamá, espera «un segundo», que estoy acabando la página!

A un tiempo me cruzo en el pasillo con la mayor, que enfrascada en la lectura de un libro, sin levantar la cabeza y para no tropezar con la pared, camina lentamente con unos ridículos pasos, lo que me hace decir:

Vamos, niña, deja ya de leer que tenemos que cenar.

Sin levantar los ojos del libro, me responde:

¡Sí, sí, papá, pero es que «no puedo parar»!

Y para terminar, vuelvo a San Agustín. Me encantan, por lo estimulante, aquellas palabras que narra haber escuchado de una voz infantil: «Tolle lege, tolle lege».

Pues eso, «toma y lee, toma y lee», esto es lo que deberíamos decir a nuestros hijos, una y otra vez y sin descanso… una y otra vez.



4 comentarios:

  1. Excelente artículo y excelente idea.

    Yo leo a mis hijos en voz alta todas las noches y ellos van adquiriendo poco a poco el hábito de la lectura individual, pero me parece una gran idea organizar un tiempo de "lectura general" de toda la familia. Voy a intentar instituirlo a partir de esta misma semana.

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  2. Gracias Bruno. Espero que os sirva de ayuda al igual que nos ha servido a nosotros. En todo caso y por lo que cuentas, me parece que tus hijos ya van bien encauzados.

    Un saludo.

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  3. Me alegro de poder informar de que, por ahora, los tiempos de "lectura general" son un éxito. Son ratos tranquilos, en familia, generalmente con música de fondo y a veces con la chimenea encendida. Lo disfrutamos mucho.

    Gracias.

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    Respuestas

    1. Me alegro mucho de que sea así, Bruno.

      Muchas gracias por tu participación y presencia en este Blog.

      Saludos.

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