jueves, 2 de marzo de 2017

HAROLD Y EL LÁPIZ COLOR MORADO

El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich (1774-1840)




«El que tiene imaginación, con que facilidad saca de la nada un mundo.»
Gustavo Adolfo Bécquer



Hay una vulnerabilidad inherente a la niñez, con esto no estoy descubriendo nada nuevo; los niños se encuentran sumidos en una atmósfera vital que transcurre entre la seguridad y el amor de los padres –que necesitan sentir tanto física como emocionalmente–, y un maremágnum de emociones perturbadoras, entre las que destacan el miedo y la ansiedad; todo esto es parte intrínseca de sus vidas cotidianas. 

No obstante ello –que resulta manifiesto para cualquier padre–, el niño padece otro sufrimiento secreto, y no porque no sea evidente para él –que obviamente lo siente–, sino porque pasa inadvertido para nosotros los padres: los niños sufren estoica y silenciosamente el sometimiento a los adultos; hay en ello una especie de humillación silente, una claudicación forzosa a lo que, en muchas ocasiones consideran –por no entenderlo–, un capricho impuesto únicamente por la fuerza y el poder de sus mayores.

Esta tensión emocional incomprendida para el propio niño y a veces para el propio padre, puede ser liberada por lo que en los libros se encuentra, razón por la cual estos podrán servir de válvula de escape para el niño ¿hacia dónde? pues hacia un mundo ideal y no sujeto a imposiciones, un mundo perfecto y feliz, quizás el paraíso perdido, quizás al Reino de los Cielos, el uno inconscientemente añorado, el otro secretamente anhelado. Esto hace muy conveniente que la lectura y los libros sean parte integrante de la vida del niño desde muy pequeño. Porque, además de todo aquello a lo que hemos hecho mención reiterada en este blog, un madrugador contacto con los libros les permitirá crecer más tranquilos, equilibrados y felices.

Por eso, a esa temprana edad no necesitamos todavía de los cuentos de hadas, sino simplemente necesitamos cuentos, sencillos y bellos cuentos. Y vuelvo a Chesterton –como veis, no puedo evitarlo-:

“Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta.”

Edición en castellano del libro.
El cuento que voy a comentar reúne esas características, Es simple, es bello a su manera dentro de esa sencillez y parquedad, y da alas a la imaginación del niño para que este sueñe, y soñando, libere esa parte oprimida de su ser ¿Quién no ha deseado –incluso de adulto, yo lo confieso–, poseer un lápiz que diese vida a todo aquello que pudiera dibujarse con él? Esta es la idea del libro. Su título, Harold y el lápiz color morado (1955), su autor, Crockett Johnson (editado por Jaguar-miau y por Harper Collins Publishers, este último, más barato y en una mejor traducción).

El libro relata un sueño de aventuras infantiles: un niño de cuatro años, con un lápiz de color morado y con firmeza en su mano, crea mundos enteros para él y para sus lectores. Su argumento es simple: Harold decide salir una noche a dar un paseo bajo la luna, pero resulta que esa precisa noche no hay luna... no importa, Harold tiene un lápiz y mucha imaginación, así que asistimos a como la dibuja con presteza. ¡Ah!, pero es que Harold también necesita un lugar por el que pasear, así que, en un pispas, Harold dibuja un camino y… lo demás podéis imaginároslo. Los deseos, las dificultades y los imprevistos se resuelven sencillamente con eso, con imaginación.

Ejemplo de una de las páginas del libro.

El estilo de la ilustración es mínimo, con uso de líneas simples y pocos colores para conseguir un relato transparente de la historia, sin distracciones ni excesos gráficos. Un uso exquisito del trazo y la línea y un trato cálido de la imaginación infantil, eso es este pequeño libro. Cómo ha dicho algún estudioso se trata de “una expresión sucinta de las posibilidades creativas de los niños”.


Espero que guste a vuestros hijos.





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2 comentarios:

  1. Qué maravilla, Miguel. Y qué cierto y verdadero lo del sometimiento a los adultos y las ansias de libertad.

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