miércoles, 23 de mayo de 2018

ILUSTRADORES GENIALES (III): EN POS DE LA BELLEZA

Ilustración de Edmund Dulac para el cuento El pescador y el genio, de Las mil y una noches.













«Las ilustraciones son creaciones de la imaginación y no de la facilidad técnica». 
Howard Pyle

«El arte del ilustrador de libros, tal como lo entiendo, no consiste únicamente en ilustrar literalmente cada suceso relatado. Su relación con la obra es más parecida a la adoptada por un compositor musical con respecto a su tema». 
Edmund Dulac



Edmund Dulac (1882-1953)

Artista y escenógrafo nacido en Francia y naturalizado británico, Edmund Dulac es uno de los más famosos ilustradores de la llamada «época de oro de la ilustración», período que abarcó la última mitad del siglo XIX y comienzos del XX y del que fue uno de sus últimos representantes.

Si algo define el arte de Dulac es la elegancia de sus imágenes, caracterizadas por una estilizada gracia revestida de riqueza y misterio oriental y, a un tiempo, por un toque art nouveau que se deja entrever en los detalles de sus dibujos y sus composiciones. Se ha dicho que su contemporáneo Arthur Rackham pintó con su lápiz, mientras que Dulac dibujó con su pincel.


Frontispicio de Las mil y una noches, con la ilustración de Edmund Dulac de una hermosa Scherezade.


Dulac destacó pronto como un diseñador genial y un colorista excepcional que podía crear tanto atmósferas de misterio como de drama, revestidas siempre de una delicada pátina poética. Poseía un gran dominio de la composición, lo que da a sus ilustraciones una impresión de equilibrio, de manera que no se puede agregar ni quitar nada sin dañarlas.


Ilustraciones de Dulac para  los cuentos El caballo mágico y para El príncipe serpiente.




Sus fuentes de inspiración fueron principalmente orientales: estampas japonesas de artistas como Hokusai o Hiroshige (el Ukiyo-e), miniaturistas persas del siglo XVI y arte indio del siglo XVII. Este cúmulo de influencias hizo decir de él a un critico: «Hubiera elegido alguna ciudad soñada de Oriente para su lugar de nacimiento, una princesa persa para su madre y un artista de la dinastía Ming para su padre». De todas estas referencias tomó Dulac el énfasis en el detalle, las armonías en los colores y las líneas curvas de sus trazos. 


El célebre azul de Dulac: ilustraciones de Circe y de la Reina de Saba.




Fue famoso por su uso del color azul, al que dio un tono muy personal que es conocido, haciendo un juego con su nombre, como bleu du lac, y destacó por su talento para realizar combinaciones de colores inusuales con efectos sorprendentes, como mezclas de azul-índigo, cobalto, cerúleo, lila, lavanda y malva. Es de notar también la influencia que en su arte tuvieron sus encuentros con el diseñador de origen ruso Léon Bakst y su trabajo para los ballets rusos de Dyagilev.

La ilustración de Las mil y una noches es considerada su obra maestra y le convirtió en el iconógrafo por antonomasia de los cuentos orientales en la primera década del XX. De ahí le vino uno de los títulos más descriptivos aplicados a su persona, y especialmente indicativo de su estilo general: el de «soñador de sueños extraordinarios»

Portada e ilustración a color de El libro mágico (1916), editado por Olañeta.




En español es difícil encontrar ediciones que recojan el trabajo de este artista, aunque que la editorial de José J. de Olañeta publicó hace unos años el Libro mágico (1916), una maravillosa colección de cuentos de hadas de múltiples países recopilados e ilustrados por el propio Dulac. Los cuentos fueron recogidos del folclore de Rusia, Inglaterra, Flandes, Italia, Francia, Irlanda, Serbia y Japón. Dulac se interesó por las tradiciones artísticas del folclore europeo, animado por su amigo Yeats. El volumen reveló su adaptabilidad y su conocimiento y dominio de diferentes técnicas y estilos, ya que fue capaz de producir ilustraciones que capturaron la esencia de los estilos pictóricos e iconográficos de las diferentes naciones representadas en el libro. 

Gracias a la labor de una pequeña editorial gallega, Musicactiva (que se ha dedicado en los últimos años a rescatar del olvido ediciones hermosas de cuentos y cancioneros infantiles), se han publicado en España algunos de los más conocidos cuentos de Andersen bajo los títulos de El jardín del Paraíso y El Ruiseñor y otros cuentos, también con preciosas ilustraciones de nuestro artista.

Dos cuentos de Andersen, El jardín del Paraíso y El Ruiseñor, ilustrados por Dulac y editados por Musicativa.











Lo que es seguro es que siempre encontraremos a Edmund Dulac en ese fabuloso mundo de las hadas; como diría su amigo Yeats, estará allí «donde la medianoche es una luz tenue,/ y un cárdeno brillo el mediodía,/ y colman el atardecer las alas del pardillo».

Para edades de 7 años en adelante.



Howard Pyle (1853-1911)


Dos obras de Howard Pyle,  Ataque a un galeón y La sirena.



Howard Pyle fue uno de los ilustradores y novelistas más populares de los Estados Unidos de fines del siglo XIX. Sus ilustraciones aparecieron en muchas revistas e iluminaron muchos libros (incluidos los por él escritos), lo que le permitió ser muy conocido tanto nacional como internacionalmente. El amplio atractivo de su arte lo convirtió en una celebridad en vida y maestro de muchos artistas, entre los que destacan N. C. Wyeth, Frank Schoonover  y Jessie Wilcox Smith.

Pyle creó un estilo único en el que combinaba el prerrafaelismo, el esteticismo, el simbolismo y el realismo. Era particularmente aficionado a la Edad Media y escribió e ilustró varias obras ambientadas en la Europa medieval. Entre estas destacan Las alegres aventuras de Robin Hood (1883), Otto el de la Mano de Plata (1888), La Historia del rey Arturo y sus Caballeros (1903) y La Historia de los campeones de la Tabla Redonda (1905). Las ilustraciones grabadas en madera hechas para estas obras denotan claramente la influencia de las pinturas prerrafaelitas, que Pyle conocía bien.

Ilustraciones del libro Las alegres aventuras de Robin Hood.



Otra temática que le dio fama fueron sus imágenes de piratas, caracterizadas por una combinación única de precisión histórica y teatralidad, y que en su día sorprendieron enormemente, pues en aquella época había muy poca información sobre la apariencia de los bucaneros y corsarios. Llenó estos espacios en blanco con su vibrante imaginación; la obra clave en este aspecto es El libro de los piratas (serie de ilustraciones sobre el tema compiladas post mortem en 1921).

Esta interpretación plástica que Pyle realizó de piratas y filibusteros y de héroes medievales como El rey Arturo y Robin Hood fue tremendamente influyente y se extiende hasta nuestros días, pues a ella se debe la imagen moderna que tenemos de ellos.

Como otros artistas de su época (como por ejemplo, Walter Crane), Pyle diseñó cuidadosamente casi todos los aspectos de sus libros: desde la maquetación, la ilustración y el diseño de tapas y gualdas hasta la caligrafía. Sobresalió en muchas técnicas, como la pluma y la tinta, las acuarelas, los óleos, el lápiz y el carboncillo. 

Portada y una de las ilustraciones de El libro de los piratas, editado por Valdemar.

Su fama trascendió el océano Atlántico y sus ilustraciones llamaron la atención de los principales artistas europeos de la época, incluidos Kate Greenaway, Arthur Rackham y Walter Crane. Pero no solo despertó la admiración de ilustradores, sino también de grandes pintores, como Vincent van Gogh, quien, en una carta a su hermano Teo, habla de él con admiración, afirmando que su obra artística le había impresionado.

Como otros artistas de su tiempo, Howard Pyle se vio influenciado por las estampas e impresiones en madera provenientes del Japón (Ukiyo-e), que en aquel tiempo comenzaban a verse reflejadas en el trabajo de pintores como Edgar Degas, James Tissot y James McNeill Whistler. El ilustrador norteamericano las llevó al papel impreso de los libros infantiles y al de los juveniles de aventuras y acción. Su contribución a la ilustración, la literatura y la educación todavía se está estudiando y elogiando hoy en día, lo que le ha valido el título de «Padre de la ilustración americana».

Portadas de las ediciones de El Rey Arturo y sus caballeros y Las alegres aventuras de Robín Hood, de Anaya, y Otto el de la mano de plata, de José J. de Olañeta.




En español la obra de Pyle se encuentra irregularmente representada, pero sus dibujos, pinturas y grabados pueden disfrutarse en las ediciones de El libro de los piratas, de Valdemar, en El rey Arturo y sus caballeros y Las alegres aventuras de Robin Hood, de Anaya (el último -Las alegres aventuras de Robin Hood-, también ha sido editado por Biblok), y en Otto el de la mano de plata, publicado por José J. de Olañeta.  


Para edades de 12 años en adelante.


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