| «Tres mujeres leyendo en una tarde veraniega». Johan Krouthén (1858–1932). |
«Una antología bien elegida es un dispensario completo de medicina para los trastornos mentales más comunes, y se puede usar tanto para la prevención como para la cura».
Robert Graves
«El humor no solo se resiste a ser definido, sino que, en cierto sentido, se precia de ser indefinible; en general, se considera que falta sentido del humor cuando se intenta definir el humor».
G. K. Chesterton
Siempre me han gustado las antologías, al igual que las enciclopedias, las «silvas de varia lección» y otras especies literarias de similar pelaje. Aunque el mundo de lo enciclopédico y lo misceláneo es distinto al de lo antológico, tiene en común la sorpresa y lo inesperado del «cajón de sastre»: todos son libros hechos para picotear temas diversos sin aburrirse. Por ello, percibo entre todos ellos un hilo conductor que los hace, al menos a mis ojos, igualmente atractivos.
La etimología nos dice cosas curiosas sobre estos tres formatos. Empezando por las últimas y más «ingobernables», silva es una palabra latina que significa «selva» o «bosque». En literatura, era usada para describir una obra donde los temas se mezclan sin un orden rígido, tal y como crecen los árboles en un bosque silvestre; ejemplos de este tipo de obra los tenemos en las Noches Áticas de Aulo Gelio, en la Historia Natural de Plinio el Viejo y, más recientemente, en la Silva de varia lección de Pedro Mejía.
Antología, por su parte, proviene del griego antiguo y significa literalmente «colección de flores» o «florilegio». Se popularizó con la Antología Palatina —una recopilación de epigramas griegos— y responde a la idea de recorrer el «jardín» de la literatura para elegir solo las piezas más bellas y delicadas (las «flores»).
Por último, enciclopedia viene también del griego clásico y representa la idea de un «círculo de aprendizaje» o una «instrucción circular». Se refiere al conjunto de saberes que todo ciudadano educado debía poseer para tener una visión completa del mundo: un círculo de conocimientos basado en un orden y una clasificación que derivó en la organización alfabética con la famosa Enciclopedia de Diderot y D’Alembert en el siglo XVIII.
No obstante, las antologías, a diferencia de las otras dos, descansan sobre dos presupuestos que las acotan: un tema o género literario particular y la presunción de que su contenido encierra una selección de lo mejor de dicha materia.
En mi opinión, esto, lejos de causar desinterés —y a pesar de que el contenido se restrinja—, acrecienta el apetito, ya que uno presume estar en presencia de un tesoro literario: la crème de la crème, lo mejor de lo mejor que se haya escrito o pensado sobre ese asunto.
Hoy les traigo algunas antologías sobre el humor, porque el humor debe ser tanto bienvenido como bien hallado; y si bien, como dice Chesterton, este se resiste a ser definido, como verán, no se resiste en absoluto a ser antologado.
Una primera selección pretende abarcar toda la historia de la literatura y, aun cuando la pretensión es harto ambiciosa, el resultado no la desmerece. Me refiero a los dos tomos editados en 1961 por Labor, que incluyen un jugoso estudio preliminar sobre el humor en la literatura del maestro Wenceslao Fernández Flórez. Bajo el título Antología del humorismo en la literatura universal, se reúne en 1.400 páginas una vasta selección de textos que abarcan el humorismo español y el grecolatino en el primer tomo, y el francés, inglés, norteamericano, alemán, italiano, oriental, húngaro y rumano en el segundo.
Las siguientes tres selecciones hacen referencia al humor patrio; y las tres últimas, de la misma colección y editorial, tratan de humores tan distantes y disímiles como el inglés, el italiano y el húngaro.
La primera de las españolas —y la de más solera—, preparada y prologada por José García Mercadal y titulada Antología de humoristas españoles del siglo I al XX, fue editada por Aguilar en 1961. Sus más de 1.700 páginas en papel biblia van desde Marcial, en el siglo I, hasta Miguel Mihura en el siglo XX, y abarcan casi todos los géneros, desde la poesía al relato, incluyendo, además, un interesante apéndice sobre el humorismo en la prensa.
La segunda, más moderna y escueta (unas 250 páginas), fue publicada por Oxford University Press España en el año 2012. En ella, bajo el título de Antología del humor español, Vicente Muñoz Puelles selecciona y anota una cuidada muestra que va desde el meditativo ingenio de El conde Lucanor a la originalísima imaginación de Ramón Gómez de la Serna.
En tercer lugar, tenemos La risa en la literatura española: antología de textos, compilada por Antonio José López Cruces y editada en 1993 por la editorial Aguaclara. Se trata de una edición que contiene piezas pertenecientes a los más diversos géneros, reunidas con la intención didáctica de poner al alcance de los estudiantes una serie de textos cómicos de las distintas etapas de nuestra historia literaria para estimular su goce y amor por la lectura; está concebida, igualmente, como un complemento ideal para las clases de Lengua y Literatura.
Por último, entramos en las antologías de humoristas lejanos y distantes publicadas por la editorial José Janés en 1945. La Antología de humoristas ingleses contemporáneos, la Antología de humoristas italianos contemporáneos y la Antología de humoristas húngaros contemporáneos forman parte de la colección «Al Monigote de Papel», probablemente la colección española de literatura humorística más longeva del siglo XX (autocalificada como «colección optimista»). Janés presentó el humor con la dignidad de la alta literatura, en unas ediciones muy cuidadas para la época, con tapas de tela (usualmente verde o roja) y el dibujo de un «monigote» dorado. Todos los volúmenes de la serie cuentan con los característicos dibujos de Enrique Clusellas (quien firmaba como E. C. o Clusellas).
La del humor inglés es probablemente la más sólida e incluye a autores tan señalados como G. K. Chesterton, Saki, P. G. Wodehouse y Evelyn Waugh.
La antología sobre el humor italiano incluye a autores como Giovanni Guareschi (famoso por las historias de Don Camilo) y Cesare Zavattini; su temática es más costumbrista, a veces neorrealista, y mezcla la ternura con la sátira social, lo que la hace menos intelectual e irónica que el humor británico.
Finalmente, la referente al humor húngaro es de una rareza interesante. En los años 40, el humor húngaro gozaba de un prestigio internacional inmenso y Budapest era una de las capitales mundiales del ingenio: los húngaros destacaban especialmente en el teatro y el relato corto, con un humor centroeuropeo muy agudo, kafkiano a ratos y profundamente psicológico. Los autores estrella aquí son Frigyes Karinthy (el primero en proponer la teoría de los seis grados de separación), Ferenc Molnár y Ferenc Herczeg, muy conocido en España por sus historias sobre la familia Gyurkovics.
Como dice López Cruces en el prólogo de una de las antologías comentadas (La risa en la literatura española):
«Risa y literatura quizás hayan ido demasiado a menudo disociadas en nuestros institutos y universidades, por lo que es común entre el alumnado más joven considerar que la literatura española es extremadamente "aburrida". La presente antología intenta demostrar lo errado de semejante consideración».
Espero y deseo que esta entrada también ayude, aunque sea modestamente, a que esto deje de ser así.
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