jueves, 8 de diciembre de 2016

LOS MITOS Y LAS LEYENDAS (griegos y romanos)

Ilustración de Walter Crane (1845-1915), para el "Libro de las Maravillas" de Hawthorne.



"Los niños pequeños no deben aprender más que leyendas. Son los principios de todos los buenos modales y costumbres”.

G. K. Chesterton
Ya hemos hablado de los mitos y de las leyendas. Ya hemos comentado cómo pueden resultar instrumentos necesarios en la formación de los niños. Cómo pueden representar prefiguraciones de la Verdad, cómo, en palabras de C. S. Lewis, “los buenos sueños de los paganos” –como a él le gustaba llamarlos– han venido preparando al hombre para la comprensión del mayor acontecimiento de todos, la Encarnación.

Además de lo anterior –que es lo fundamental–, desde tiempos inmemoriales los mitos y las leyendas han constituido entretenimiento para niños (y también, sin duda, para adultos), y no solo eso, sino que de igual forma han facilitado el mantenimiento de una estrecha relación con la historia, ya que ayudan a los niños a desarrollar la conciencia de un pasado común y a adquirir una identidad cultural propia; así mismo, muchas leyendas encarnan los más altos valores morales de nuestra cultura y contribuyen así a formar la conciencia moral de los niños. Por último, el carácter fantástico y preternatural de las mismas desarrolla las capacidades imaginativas y poéticas de los niños.

Sirva lo anterior como introducción para sumergirnos en la materia. Y para comenzar, nada mejor que hacerlo con la mitología por excelencia, la griega y latina. La mayoría de las adaptaciones que se han hecho para facilitar su conocimiento a los niños se nutren de varias fuentes, aunque en su mayoría se basan en la Ilíada y la Odisea de Homero. Se trata de  relatos asombrosos, tanto en su poder imaginativo cuanto en su visión psicológica, y son siempre intensamente dramáticos (podríamos decir que en este aspecto preparan a los niños para las experiencias que de adultos podrán encontrar en Macbeth o en Los hermanos Karamazov, por ejemplo).

Muchas son las aproximaciones que se han hecho al tema, pero aquí solo nos ocuparemos de aquellas más valiosas y que además se encuentren accesibles en castellano. Las más tempranas adaptaciones de calidad podemos encontrarlas en Nathaniel Hawthorne y su Libro de las Maravillas (1851, con las magnificas ilustraciones de Walter Crane) y sus Cuentos de Tanglewood (1853); Hawthorne hace uso de una prosa vívida, tratando estas historias míticas más como cuentos de hadas que como alto drama. Añade además su propio detalle, por ejemplo dando a Midas una hija a quien llama Marygold y que se convierte en oro al igual que todo lo demás que toca su padre.

Fragmento de ilustración de Virginia Frances Sterrett (1900-1931),  para los "Cuentos de Tanglewood" de Hawthorne.

Poco después, a este lado del Atlántico, el británico Charles Kingsley escribió su libro Los Héroes (1856), que se aproximaba más a las historias originales y lo alejaba del tono medieval de Hawthorne; se ha dicho que su versión es elevada en idealismo, pero hogareña en detalle, poética en la expresión y dramática en la acción. En todo caso, se nota la influencia de su condición de cristiano (era ministro episcopalista), pues no deja de resaltar en las historias la parte heroica (de ahí el título) que da valor al sufrimiento y el dolor como camino de perfección y vía para hacer el bien al prójimo. 

Ilustración del libro de Kingsley por Russell Flint (1880-1969).


Años más tarde, el poeta irlandés Padraic Colum y el polígrafo inglés Roger Lancelyn Green escribieron también interesantes adaptaciones. El primero en Las Aventuras de Odiseo y la Guerra de Troya (1921) agrupa en el libro aventuras de la Ilíada y de la Odisea. Su relato es poético y lleno de asombro; además cuenta con las maravillosas ilustraciones de Willy Pogany; el segundo, aunque no es ciertamente un estilista y carece de la maravillosa prosa de Kingsley, cuenta las historias de manera clara y dramática, preservando los argumentos tradicionales y haciéndolos accesibles a los lectores jóvenes. A través de sus libros ha proporcionado una introducción básica a este tipo de literatura tradicional en libros como los Cuentos de los Héroes Griegos (1958) y “El Cuento de Troya” (1958). Ambos se pueden encontrar en librerías.    

Fragmento de ilustración de Willy Pogany para el libro de Padraic Colum (1882-1956).


Finalmente, en España encontramos a nuestra Fernán Caballero y su libro La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de la Grecia; se trata de un libro con un lenguaje propio del siglo XIX, lenguaje que por razones obvias (no resulta necesaria su traducción) no ha podido ser actualizado; por ello su lectura puede ser dificultosa para los niños. Como curiosidad, en un libro de lecturas recomendadas para la infancia y para los jóvenes de principios del siglo XX, se dice: “Puede ser útil en algún caso para patentizar el beneficio de la Redención”.

Todos estos libros se componen de breves episodios que pueden ser leídos en voz alta a los niños más pequeños, alimentando con ello su sed de aventuras y su curiosidad, alejándolos, de paso, de lo que no es más que su caricatura y mala copia, desprovista de la poesía y drama de los antiguos, como son los superhéroes de hoy en día. Os animo a que introduzcáis a vuestros hijos a la cultura clásica a través de estas lecturas.


3 comentarios:

  1. Leer y grabar los mitos para que los niños los escuchen cuando todavía no tienen el hábito de lectura, para entretenerlos en los viajes o en cualquier otra ocasión, es una forma muy fácil de pre-introducirlos en la cultura clásica.

    No conocía esas versiones, lo de Hawthorne es una sopresa. Pero es verdad que los anglosajones hacen eso muy bien. Como lo que hizo Charles Lamb con Shakespeare. Su versión de El rey Lear para niños es una preciosidad.

    Las ilustraciones son una maravilla también. Me parece que ya sé lo que voy a pedir a los Reyes Magos este año.

    ResponderEliminar
  2. Qué hermosa tarea! Muy agradecidos. Nos alienta a continuar con la difusión del hábito de lectura en nuestros hijos y para los alumnos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por sus palabras, María Elisa. Lo que usted dice es muy hermoso y, a su vez, me alienta a continuar en esta tarea.

      Un saludo cordial.

      Eliminar