martes, 3 de enero de 2017

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS DE ORIENTE

Ilustración de Gary Blythe para This is the Star.

Hoy no voy a escribir nada relacionado con ningún libro en concreto. Estamos inmersos todavía en la Navidad, y debemos continuar imbuimos de su espíritu y de su Santa significación, hoy tan olvidada por tantos. Pero la festividad de los Reyes Magos -la Epifanía del Señor-, está cerca. Es tiempo de obsequios y regalos, y muy probablemente, todos o casi todos estaremos en ello.

Todo lo anterior me tienta a escribir algo, algo que viene muy al caso y que tampoco está muy alejado de los libros y de su natural predisposición para ser maravillosos obsequios, ni tampoco de la razón última de esta costumbre.

Comenzaré con un texto de G. K. Chesterton, un admirado amigo –así me gusta imaginarlo, espero no enojarle–, y si bien en las líneas que siguen habla de San Nicolás, lo que nos cuenta es perfectamente trasladable a los Magos. Dice así:

Lo que me ha pasado ha sido lo contrario de lo que parece ser la experiencia de la mayoría de mis amigos. En lugar de disminuir y disminuir, Santa Claus ha crecido más y más en mi vida hasta que la ha llenado casi del todo. Sucedió de esta manera.

Cuando era niño me enfrenté a un fenómeno que requería explicación. Colgé a los pies de mi cama una media vacía que por la mañana se convirtió en una media llena. Y yo no había hecho nada para producir las cosas que la llenaban. No había trabajado en ellas, ni las había hecho ni ayudado a hacerlas. Ni siquiera había sido bueno lejos de ello.

Y la explicación era que, al parecer, cierto ser a quien la gente llamaba Papá Noel estaba dispuesto benevolentemente hacia mí… Lo que creíamos era que un cierto agente benévolo nos daba esos juguetes a cambio de nada. Y, como digo, esto es algo que creo todavía. Simplemente he extendido la idea.

En aquel entonces sólo me preguntaba quién pondría los juguetes en la media; ahora me pregunto quién puso la media a los pies de la cama, y la cama en la habitación, y la habitación en la casa, y la casa en el planeta, y el gran planeta en el vacío.

Hubo un tiempo en que daba las gracias a Papá Noel por un par de juguetes y unas galletas. Ahora, le doy las gracias por las estrellas y los rostros de la gente que me cruzo en la calle, por el vino y el inmenso mar. Una vez me pareció delicioso y asombroso encontrarme un regalo tan grande que ocupaba gran parte de la media. Ahora estoy encantado y asombrado cada mañana por encontrar un regalo tan grande que hacen falta dos medias para sostenerlo, y aun así se queda mucho fuera de él; es el presente grande y absurdo de mí mismo, respecto al origen del cual no puedo ofrecer ninguna sugerencia, excepto que Papá Noel me lo dio, en un arranque de buena voluntad peculiarmente fantástica.

Qué regalo maravilloso ¿no?

Siguiendo con los Magos, en uno de sus poemas dogmáticos (Poema Dogmático V, 55-64.), San Gregorio Nacianceno dejó dicho que en el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella adoraron al Niño Rey llegó el fin de la astrología, porque desde entonces las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo. Lo que gobierna el mundo y el hombre no son los elementos del cosmos, las leyes de la materia, sino un Dios personal movido por el amor. Ya no estamos sometidos a la esclavitud de unas leyes mecánicas, frías e inamovibles, sino al delicioso yugo del Amor. De nuevo, un regalo increíble ¿no es así?

Y es que, como señaló San Agustín, esa, “La estrella que los magos vieron cuando Cristo nació según la carne, no era un señor que gobernaba Su nacimiento, sino un siervo que daba testimonio de aquel; No lo sometió a su poder, sino que, a su servicio, señaló el camino hacia Él. Es más, esa estrella no era una de aquellas estrellas que desde el principio de la creación guardaban sus cursos regulares bajo la ley del Creador, sino que, con el nuevo nacimiento de la Virgen apareció ex profeso realizando su oficio ante los rostros de la Magos en su búsqueda de Cristo hasta que los condujo al lugar donde estaba el Niño Palabra de Dios ... Así que Cristo no nació porque la estrella brilló, sino que la estrella brilló porque Cristo nació; así que, si debemos hablar de ello, no debemos decir que la estrella fue el destino de Cristo, sino que Cristo fue el destino de la estrella”.

Tertuliano, por su parte, comentó que cuando Dios envió a los Magos un sueño en el que les indicó que volvieran a casa por una ruta diferente, igualmente les hizo cambiar la forma en que vivirían y verían el mundo desde entonces. Fantástico obsequio sin duda.

Porque lo cierto es que Nuestro Señor, con su nacimiento, su vida y, sobre todo, el sacrificio de su muerte por nosotros, es quien nos hace un regalo, representado con el obsequio a los Magos comentado por Tertuliano, con el regalo que resalta Chesterton y nos acompaña cada mañana, o con los presentes que nos intercambiamos en estas fechas, pero que va más allá de estas representaciones, mucho más allá, pues en esencia es un regalo más profundo, radical y duradero: el permitirnos llegar a ser hijos de Dios (Juan, 1,12).

Recordemos pues en ese día que todo, todo, comenzando por la misma existencia y terminando por la increíble posibilidad de llegar a ser hijos de Dios, es un regalo inesperado por el que debemos dar gracias, y recordándolo, imitemos a nuestro Creador y obsequiemos a nuestros hijos con amor, atención y cariño... ¡ah! y también con buenos libros.

P.D: Se que comencé esta entrada diciendo que no hablaría de libros concretos. Voy a contradecirme. Y para ello hablaré de un libro, un libro modesto, pero que gustó mucho a mis hijas y que guarda entre sus pocas páginas no solo la belleza de la historia que relata, sino la de la forma en que lo hace. Se trata de uno de tantos libros sobre la adoración de los Magos.

Se titula This is the Star, de Joyce Dunbar, con ilustraciones de Gary Blythe (la ilustración que abre la entrada es del libro).

Que yo sepa el libro no se encuentra disponible en castellano, pero el texto es breve y accesible. Las ilustraciones –pinturas al oleo–, son magnificas, obra de un ilustrador talentoso como Blythe.

Propio para la lectura a los niños en voz alta (todos los párrafos terminan en la frase "la estrella en el cielo"). Los tres Reyes responden a la representación tradicional de la Iglesia y la magnificencia y grandiosidad del ángel es esplendorosa. Un libro hermoso, aunque solo sea para admirar sus imágenes.


Santa y feliz Navidad para todos.

5 comentarios:

  1. Gracias Miguel por recordarme lo de GJCh. Otro libro muy recomendable es "El niño Dios" de Leopoldo Marechal. Lo leí con mis hijos en casi todas las Navidades.

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    1. En el apuro se me coló la J por la K.

      Cómo se reirá el inefable Gordo de mí. Y de vos que pensás que podría enojarse si lo llamamos "amigo".
      ¡Adelante con el blog!.

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    2. Gracias a ti Patricio, por tus palabras y tu atención. Por cierto no conocía el cuento de Marechal. Lo buscaré para leerlo.

      Un saludo cordial.

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  2. Excelente Miguel!!
    Enzo

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