martes, 11 de abril de 2017

ANA, LA DE TEJAS VERDES


Nuestra protagonista. Autor desconocido



«Ana de las tejas verdes es, después de la inmortal Alicia, la protagonista más encantadora de toda la literatura»
Mark Twain


Esta novela es la primera historia con la que mis hijas lloraron. Por eso no puedo olvidarla. Recuerdo que ambas, una tras otra, cada una a su tiempo, acudieron a mí para hacerme saber, entre orgullosas y turbadas, lo que acababa de sucederles. No puedo tampoco olvidar sus ojos nublados por las lágrimas, algunas de las cuales caían despaciosamente por sus mejillas, contrastando con una media sonrisa avergonzada.

Este libro es Ana, la de Tejas Verdes, de Lucy Maud Montgomery, el primero -quizás el más logrado-, de una serie de novelas que relatan la vida de la huérfana Ana Shirley en Avonlea, en la Isla del príncipe Eduardo, en Canadá, a principios del siglo XX (la novela se publicó en 1908), y que recorren su vida desde su infancia, juventud, casamiento y maternidad. La serie está compuesta de 8 volúmenes, publicados entre 1908 y 1921.

Todos los libros de la serie en orden de publicación
Este primer libro nos cuenta su llegada a la Isla y su vida allí. Ana es huérfana desde los tres años y ha sido enviada a la granja Tejas Verdes, en Avonlea, hogar de los hermanos Marilla y Matthew Cuthbert, a fin de que estos la adopten. Pero se produce un doloroso malentendido, pues los hermanos habían solicitado un chico fornido que les ayudase con las tareas domésticas y el duro cuidado de la granja y no una niña como Ana que, por tanto, resulta una gran decepción para ellos.

Sin embargo, Ana se sobrepone a este inicial rechazo y se gana el corazón, no solo de Marilla y Matthew, sino de toda Avonlea. Hará amigos (su mejor amiga Diana Barry), mantendrá una rivalidad escolar (con Gilbert Blythe, luego amigo y más adelante esposo,), se encontrará con enemigos (la odiosa Josie Pye), y cambiará para siempre al pueblo y sus gentes.

Ana y su mejor amiga, Diana Barry. Cuadro de James Hill
El personaje de Ana es, como nos dice Twain, encantadora e inolvidable; huérfana de 11 años de edad, delgada y pecosa, con sus dos trenzas y su pelo rojo, de verbo fácil e inagotable, enérgica y optimista, imaginativa y romántica, Ana obtiene el cariño de todo aquel que la conoce, principalmente los dos hermanos Cuthbert. Matthew la aprecia desde un principio, como podemos apreciar por lo que dice ya en el capitulo segundo:

– «Bueno, bueno, Marilla, puedes hacer lo que quieras – dijo Matthew tranquilamente –. Sólo te pido que seas tan buena y amable con ella como puedas serlo sin malcriarla. Me parece que esta niña es de la clase de personas de las que se puede obtener casi cualquier cosa con sólo conseguir que te quieran.»

Marilla tarda más, pero al final termina queriendo a Ana como a una hija. Así le confiesa a Ana al final del libro:

– «Te amo tanto como si fueras mi propia carne y sangre y has sido mi alegría y consuelo desde que llegaste a Tejas Verdes.»

Esta primera novela comienza con una cita de Robert Browning extraída de su poema Eleanor Hope. La cita contiene una nota definitoria –e igualmente profética-, de a quien vamos a encontrar una vez iniciemos el libro. Browning dice: « (…) te hicieron todo espíritu, fuego y rocío»; y esto es Ana, espíritu, fuego y rocío. El espíritu que cambia el interior de aquellos que la conocen, y que se alza a través de la imaginación sobre las dificultades y asperezas de la realidad cotidiana; el fuego que trasforma y purifica lo que toca, que premonitoriamente el color de su pelo anuncia, y que se muestra en su entusiasmo, su actividad incansable, su carácter volcánico y su fuerza, y luego el rocío que limpia y da sosiego, pues tras su paso por Avonlea, las vidas de sus gentes se vuelven más frescas y radiantes.

Mapa ficticio de la Isla del Principe Eduardo según las novelas
Como un acto deliberado y acogedor, como quien envuelve entre sus brazos a su criatura, L. M. Montgomery acaba su libro con un fragmento de otro poema de Browning, Pippa passes. La terminación es triplemente adecuada; primero, porque así el libro acaba como empieza, completando un círculo perfecto, segundo, porque a Ana le gusta la poesía victoriana, y que mejor que Browning para abordarla y tercero, porque Ana se asemeja a Pippa, la protagonista del poema, una pobre huérfana italiana que se refugia en una fábrica de hilado de seda, pero que, a pesar de sus dificultades, logra conservar pura su imaginación y su amor por la naturaleza, pues Ana padece también de orfandad, es igual de inocente, e igualmente su fuerza reside en la alegría y la imaginación con las que trasforma el mundo de Avonlea.

Este final es, además hermoso, pues dice así: «Dios está en su cielo, todo está bien con el mundo»; no hay mejor manera de acabar.

La novela toda es una apología de la imaginación y Ana es su estandarte, un arquetipo de la imaginación cabalgando sobre la inocencia.

Pero esta imaginación de Ana descansa en algo más básico, en un pilar seguro que aportan firmeza a su fantasía contagiosa. Y este pilar es su visión del mundo, su forma de asentarse frente al mundo que la rodea, a pesar de que la parte del mundo en la que le ha tocado vivir es dura, triste y desesperanzada. O al menos así nos parecería todos: una huérfana, a quién nadie quiere y que incuso comienza su vida en Avonlea asentada en un error y en un rechazo. 

La protagonista y cuadro titulado Chica con trenzas de Samuel Henry William Llewellyn (1858-1941), que bien podría representar a Ana
Pero ello no solo no es obstáculo para Ana, sino que es impulso, acicate, fuerza para sumergirse en su mundo imaginario y desde allí remontar el vuelo cual alondra en la madrugada. Cuando Marilla la lleva de vuelta al pueblo, con la idea de devolverla al asilo del que había venido, dice nuestra protagonista:

–« ¿Sabe una cosa? – dijo Ana confidencialmente –. Estoy resuelta a disfrutar de este paseo. Tengo una gran experiencia al respecto, y sé que se puede disfrutar de todo cuando uno está firmemente decidido a ello. Por supuesto, hay que estar firmemente decidido. Durante nuestro paseo no voy a pensar en que tengo que volver al asilo. Sólo voy a pensar en el paseo. Oh, mire, allí hay una temprana rosa silvestre. ¿No es preciosa? ¿No le parece que debe ser muy bonito ser una rosa? ¿No sería maravilloso que las rosas pudieran hablar? Estoy segura de que podrían contarnos historias fantásticas.»–

Y así, a pesar de lo terrible de la situación, se sumerge en la belleza de la naturaleza, en la maravilla de mundo que la rodea, e involucra a su imaginación.

Y otra ocasión le dice a Mathew:

– « ¿No es maravilloso pensar en todas las cosas que hay que averiguar? Simplemente me hace sentirme contenta de vivir. ¡Es un mundo tan interesante! Sería la mitad de interesante si lo supiéramos todo, ¿no es cierto? No habría campo para la  imaginación.»

Me recuerda Chesterton, me recuerda a Newman. Al primero en su optimismo y su apología del asombro ante lo creado (pienso en uno de sus versos, que se ajusta fielmente a la historia de Ana: «caminar en la oscuridad con el corazón contento»),  al segundo en su proclama del mundo invisible que nos rodea sin que le prestemos atención, ese mundo, quizás accesible a través de unos ojos que miren con asombro, porque de esta manera ese «mundo invisible se hace más real que el mundo visible que está en constante pasar ante nuestros ojos».   

Me recuerda también este poema de E. E. Cummings:

«Te doy gracias Señor por este día asombroso/ por el espíritu que mueve verdeando los árboles/ y por todo aquello que es natural, que es infinito/ (…) ¿cómo podría un simple ser humano -alzado desde ese no de la nada absoluta-/ que le gusta tocar, ver, oír, respirar,/ dudar de tu inimaginable existencia?».

Ana y Marilla y Ana y Gilbert. Ilustraciones de Troy Howell
Lectora precoz e imaginativa, amante de la poesía y de las historias románticas, Ana se vuelve irresistible, de verdad, tanto que aunque no se trata de un libro católico, ya que ni Montgomery era católica ni el lugar donde se desarrolla la historia lo era tampoco (Avonlea era una comunidad metodista; en todo caso el libro está, como hemos visto, lleno de buenos valores cristianos), su magnetismo y atractivo llega a con facilidad a nosotros los católicos. De esta manera, en la correspondencia que recibía Montgomery, hay al respecto alguna que otra anécdota curiosa que no me resisto a relatar.

Así, en una ocasión, una madre superiora en un convento australiano dirigió una carta a la autora diciéndole que estaba tan impresionada por sus libros sobre Ana, que cada noche se arrodillaba en la capilla y rezaba para que algún día ella pueda convertirse al catolicismo. También, en una de esas cartas, un sacerdote católico contaba que iba a llevar consigo el libro de Ana a un retiro de monjas en el sur de Inglaterra. El sacerdote explicaba que, si bien las monjas no debían leer libros seculares, como él pensaba que disfrutarían enormemente de Ana, había conseguido una dispensa especial para que las monjas pudieran leerlo.

Se trata, por lo tanto, de una lectura muy recomendable (a mis hijas les encantaron todos los libros de la serie, especialmente los cuatro primeros), de una frescura deliciosa y con un personaje memorable que vuestros hijos no olvidarán.


Para niños (y no solo niñas), de 9 a 15 años.




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8 comentarios:

  1. Estimado Miguel: Gracias por la recomendación de esta preciosa colección de Lucy Maud Montgomery.Cada una de sus publicaciones las sigo desde el incio del blog.No solo es muy grato leer cada publicación y conocer acerca de lecturas que,independientemente de las recomendaciones en relación a la edad de los niños,busco también para disfrutar yo como lector por la dicha que tantas de estas obras nos donan.Y digo que no solo es grata cada publicación,sino que el blog en su conjunto tiene un extraordinario valor al exponer ésa belleza que habita en tantos textos que están allí esperando perfumar con su pureza el alma de tantas personas.Gracias por el maravilloso trabajo y por transmitir con tanto amor y conocimiento ése tesoro que habita en estas lecturas.
    Un cordial saludo
    Pablo

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    1. Muchísimas gracias por los ánimos, Pablo. De verdad que le agradezco las palabras.

      Saludos.

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  2. Los leí y los compré para mi hija cuando era pequeña. Me encantaron los primeros. Los últimos son más flojos, se nota que los escribió obligada por las necesidades económicas, exprimiendo la historia más allá de lo posible.
    En todo caso, muy recomendables [para pequeños y grandes. Yo los leí siendo ya muy adulta :-)]

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    1. Tiene usted razón Conchita, los mejores son los primeros. Aún así el conjunto es estimable.

      Muchas gracias.

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  3. Gracias Miguel por continuar con este blog!!
    Estuve buscando estos libros de Ana y encontré de la misma autora otros como Historias de Avonlea, Kilmeny la del huerto, La novia espera, Valancy Stirling, Coleccion Emily, Coleccion La nina de los cuentos.
    Quería consultarte si has tenido acceso a ellos, si también son recomendables o no.

    Saludos. Enzo

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    1. Buenas Enzo, y antes de nada, gracias por todo.

      Respecto a los títulos que refiere, realmente solo conozco los de Emily, tres libros con un personaje interesante (cuasi autobiográfico, dicen, pues trata de una muchacha que lucha por ser literata). Quizás para niños de 12 en adelante.

      Los otros no los conozco directamente; se que "Historias de Avonlea" son cuentos que se desarrollan en el Isla y en los que parase Ana. Quizás sean interesantes. Si los lee ya nos dirá.

      Saludos.

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  4. ¿Ha leído usted "Noni y Mani"?

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    1. No, no se nada de ese libro; quizás usted podría contarnos algo. Anímese, creo que sería interesante.

      Un saludo cordial.

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