domingo, 21 de mayo de 2017

EL PRISIONERO DE ZENDA

Castillo de Bentheim (detalle) de Jacob Izaackszoon van Ruysdael (1628-1682) 


«Para un hombre de carácter, mi querida Rose -contesté-, ventajas son obligaciones»

El prisionero de Zenda. Anthony Hope


Anthony Hope era un respetado y acreditado abogado en el Londres de finales del siglo XIX. Como a muchos abogados (entre los que probablemente me encuentro), el hábito de escribir y contar historias, propio de su profesión, le llevo a gustar de la literatura, pero en el caso de Hope le condujo más lejos que a otros, y, más allá del gusto, le sumergió directamente en la fabricación de ficciones y fantasías. Y así, entre legajos, sentencias y testamentos, urdió Hope, al parecer en pocas semanas, la novela que nos trae hoy aquí: El prisionero de Zenda (1894). 

Revólveres ardientes y humeantes, antiguos castillos medievales, espadas fulgentes que chocan y estallan en relámpagos zigzagueantes, consejeros sombríos, conspiraciones obscuras, discursos maravillosamente ingeniosos, almas atrevidas y desinteresadas, reyes, princesas, amores imposibles, honor frente a gloria, y uno de los más memorables héroes caballerescos de la ficción, nuestro Rudolph Rassendyl, frente a uno de los grandes “malos”, un rival formidable, el infame y asesino Rupert de Hentzau. Esto encontrarán, y más y más, si se deciden a viajar con sus hijos a la legendaria Ruritania.

Ilustraciones de Michael Godfrey (1958-)

El libro lanzó a Anthony Hope a la fama; fue un auténtico bestseller por el número de ventas (aunque con una calidad literaria superior a la media de este tipo de publicación hoy día), y le estableció como uno de los escritores más populares de su tiempo; a tal punto llegó su influencia que dio lugar a un subgénero de novelas que se denominó Ruritano. Se trata de una historia clásica de aventura romántica y es, tal vez, el primer thriller político.

La novela se desarrolla principalmente en un país imaginario y cuasi medieval de una imaginaria Europa Central, Ruritania, y nuestro héroe, Rudolf Rassendyll, es todo lo que un héroe debe ser: hábil, ingenioso, inteligente, atractivo y, sobre todo, noble, honorable y valiente. Cuando Rudolf viaja a Ruritania, su visita coincide con los fastos de la coronación del nuevo Rey, del que es pariente lejano, y las circunstancias y su extraordinario parecido físico con aquel, le llevan a tener que desempeñar el papel de monarca, mientras el verdadero rey es retenido cautivo en el Castillo en Zenda por quienes desean usurparle la corona. Rudolf se presta a ese juego arriesgado por honor y virtud. Honor y virtud que se ponen de nuevo de manifiesto en como encara su amor imposible con la princesa Flavia, la prometida del verdadero rey. Dentro de la más clásica tradición heroica de renuncia y honor, tras rescatar al rey, Rudolf regresa a casa con el corazón roto, pero con su honor como caballero intacto.

Ilustraciones de Charles Dana Gibson (1867–1944)

Hope juega aquí con dos clásicos tópicos: por un lado, la fascinación del doble, un asunto perturbador, tratado, incluso de manera obsesiva, por grandes literatos (pienso en Hoffman, en Dostoyevski, en Poe o en Borges) y absolutamente presente en toda mente despierta: ¿habrá alguien en algún lugar del mundo que sea nuestro doble físico? Inquietante pregunta ¿Y que ocurriría si, por avatares del azar, nos lo encontramos? Pregunta esta mas inquietante todavía. Por otro lado la novela toca el tema del intercambio de identidades, del vivir en la vida de otro, también largamente tratado en la literatura (Twain, Srevenson, Wilde, Dumas, Rostand). Pero nuestro autor no desciende a profundidades metafísicas o existenciales, solo juega, y deliciosamente, con ambos elementos, y así esta novela es preludio e inspiración de muchas historias semejantes protagonizadas por héroes que se intercambian o que viven la vida de otros.

Portadas de dos ediciones, una española muy reciente y otra inglesa de foinales del siglo XIX

Historia totalmente cautivadora que, como he dicho, engloba los estereotipos de la antigua literatura medieval: reyes, princesas, héroes, lugares de ensueño, amores puros, duelos a espadas, fugas y mucha, mucha acción.

Totalmente recomendable para chicos y chicas de 12 en adelante. 



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1 comentario:

  1. Le estoy leyendo desde Italia. El prisionero de Zenda es uno de esos libros que no leí en la adolescencia (me pasó lo mismo con La Pimpinela Escarlata) y que estoy deseando leer, sobre todo después de este post.

    Me atrapó completamente La Pimpinela; me la regaló un amigo que escribió el prólogo a una de las últimas ediciones. Pero estoy segura de que me gustará todavía más El prisionero de Zenda. Aventuras, honor, valor y sacrificio. La vieja fórmula del ciclo artúrico. Sí, sé que me cautivará.

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