domingo, 16 de julio de 2017

LAS CRÓNICAS DE NARNIA: EL REGALO DE LEWIS

La ciudad de Cair Paravel, la capital del reino de Narnia (artista desconocido)



«Es de suprema importancia que los niños escuchen buenas fábulas y no malas»

Platón. La República


Hace casi 70 años C.S. Lewis creó una tierra de maravillas, fantasía y magia, de heroísmo, fe y sacrificio, y decidió dar a esta tierra el nombre de Narnia. Desde entonces, casi 100 millones de lectores han disfrutado con estas historias y su autor se ha convertido en un referente inexcusable de la narrativa fantástica infantil y juvenil.

Las Crónicas de Narnia (así es como se denomina vulgarmente la serie), fueron cuidadosamente elaboradas por Lewis, tanto a nivel de palabras, símbolos e imágenes, cuanto de temas y tramas, y ya es sabido que estos  libros (diversos como son en sus argumentos) tienen un claro enfoque cristiano, trasladado magistralmente al papel por Lewis por medio de un uso delicioso de la alegoría (aquello que tanta discusión le causó con su amigo Tolkien). En suma, se trata del relato de la Historia de la Salvación en un escenario de fantasía y Lewis lo hace como nadie.

Los antecedentes directos de estas historias -al menos en la parate referente a la fantasía-, se encuentran, sobre todo, en Edith Nesbit, tal y como reconoció en su día el autor (ver: EDITH NESBIT: REALMENTE FANTÁSTICA). 

Soy consciente de lo mucho y bien que se ha escrito y dicho sobre Lewis y su Narnia. Por ello, en esta entrada, me limitaré a un breve resumen, más temático que argumental, de cada una de las siete novelas del ciclo, centrándome en aquello que Lewis trató de depositar en ellas, o más bien los que otros como yo (en este punto, lo que sigue me parece muy osado e imprudente), y algunos otros mucho mejores que yo, entienden que quiso hacer. Finalmente haré una alusión a un posible sentido oculto de la obra. Quizás Lewis nos esté viendo; solo espero que esboce una sonrisa y sepa disculparme.


Carátulas de las primeras ediciones de las Crónicas
La serie suele ser vista como un relato simbólico y ataviado de fantasía, de lo que los cristianos conocemos como Historia de la Salvación y comprende siete libros, titulados así: El sobrino del mago (1955), El león, la bruja y el armario (1950), El caballo y el muchacho (1954), El príncipe Caspian (1951), La travesía del Viajero del Alba (1952), La silla de plata (1953),  y La última Batalla (1956).

En El sobrino del mago se representa una suerte de relato de la creación similar al Génesis. Así, el autor nos introduce en el mundo de Narnia, junto con los niños Polly y Digory, y nos explica cómo fue creado de la nada, a través del canto y la palabra de Aslan, el creador y prefigura de Dios, presentándonos también a Jadis, prefigura de Satanás, cuya presencia representa la entrada del mal en el mundo. Se nos da, por tanto, una visión poética y alegórica de la creación del mundo. La historia se desarrolla en el mundo real en 1900 y en Narnia nos encontramos en su año 1. 

En El león, la bruja y el armario se aparecen por primera vez los cuatro hermanos Pevensie, Peter, Susan, Edmund y Lucy, y se representa una versión narniana de la crucifixión y la resurrección, en la que Aslan (prefiguración de Nuestros Señor Jesucristo) sacrifica su vida para salvar a los habitantes de Narnia, terminando con el tiránico y diabólico reinado de Jadis, la bruja blanca. Mundo real: 1940. Narnia: 1000.


Ilustraciones para los libros de Pauline Baynes (1922-2008)

En El caballo y el muchacho se tratan las cuestiones de la salvación y conversión de los paganos y de la fe. Aparece Shasta, un joven huérfano de corazón puro. Aslan conduce a Shasta y sus compañeros hasta la seguridad de Narnia, la “Tierra Prometida”, donde encontrarán la libertad, travesía esta en el curso de la cual  Shasta debe vencer a su miedo a ciegas, poniendo su confianza en una voz desconocida (que es, por supuesto, Aslan). Es una historia paralela a la estancia en Narnia de los hermanos Pevensie. Mundo real: 1940. Narnia: 1014. 

En El Príncipe Caspian se relata una historia cuyo tema de fondo es la restauración de la fe verdadera en Narnia, tras haber sido reprimida y degradada por el reinado de Rey tiránico Telmar. Los cuatro niños Pevensie vuelven para ayudar a las criaturas mágicas de Narnia, las dríadas, los enanos y las bestias parlantes, logrando, con la intervención de Aslan, la restauración en el trono del joven Príncipe Caspian, un hombre de noble carácter que sigue la verdadera fe. Mundo real: 1941. Narnia: 2303. 

La travesía del viajero del alba continúa donde El príncipe Caspian termina. En la novela se explora la idea del viaje de la vida y de las pruebas a superar que lo acompañan. Así nos cuenta como Lucy, Edmund y su primo Eustace se unen al rey Caspian en su búsqueda de los Siete Señores, desterrados en su día por su malvado tío Miraz. Largo viaje lleno de aventuras, retos y peligros. Contiene la idea de que uno debe vivir moral y honorablemente. Mundo real: 1942. Narnia: 2356. 

En La Silla de Plata, Eustace regresa a Narnia en compañía de Jill Pole, una compañera de la escuela. Juntos son enviados por Aslan a buscar y rescatar al hijo del rey Caspian, el príncipe Rilian, quien lleva desaparecido diez años. El tema de este libro es similar al de El Príncipe Caspian. Eustace y Jill intentan cumplir la misión que les ha sido encomendada, ayudándose de los cuatro signos dados a Jill por Aslan, y continuando la guerra contra los poderes de la oscuridad. La silla de plata plantea interrogantes sobre la práctica continua de la fe cristiana y sus dificultades. Mundo real: 1942. Narnia: 2356. 


Mapa de Narnia dibujado por Pauline Baynes (1922-2008)
Finalmente, en La última Batalla se emula El Apocalipsis. Se recoge así la venida de un Anticristo, un mono llamado Shift (Triquiñuelas), cuyo dominio conduce a la esclavitud, al despojo y al asesinato de las criaturas de Narnia. Jill, Eustace, Edmund, Lucy, Peter, y unos Digory y Polly ya ancianos, regresan a Narnia para ayudar al rey Tirian. En la batalla final contra Shift, el rey Tirian, Jill y Eustace son empujados a través de una puerta tras cuyo umbral descubren otra,  "Más real y más bella" Narnia.  Esta referencia a una nueva Narnia se hace eco de la descripción de San Juan de una "Nueva Jerusalén" contenida en El Apocalipsis. Al caer la noche sobre la antigua Narnia, sus habitantes pasan ante Aslan para su juicio final, entrando algunos en la nueva Narnia y desapareciendo otros tras la sombra de Aslan. Los protagonistas descubren que los mundos que conocían antes -tanto su propio mundo como Narnia- son sólo sombras de la realidad última, el Cielo, que incorpora la verdadera esencia de todos los mundos y está gobernado por el único verdadero creador. Mundo real: 1949. Narnia: 2556. 

Tan importante como la recreación alegórica de estos acontecimientos de la Historia de la Salvación, es el significado moral más profundo que, con respecto a la naturaleza y práctica del cristianismo, se contiene entre sus páginas. Sus personajes son no sólo simpáticos y muy humanos, sino que también simbolizan diferentes tipos de creyentes cristianos. Así:

Lucy representa la fe verdadera e incondicional que ilumina con su esplendor e inocencia a los demás (lu-cy: Lux).

Con Peter y Susan, Lewis, yuxtapone dos tipos de creyentes. Peter, la "roca", que sigue a Aslan sinceramente, a pesar de cuantas pruebas se presenten en su camino y que es recompensado por su fe inquebrantable convirtiéndose en "Peter el Rey de Reyes de Narnia”.

En cambio Susan, en La última batalla, está ansiosa por creer mientras está en Narnia pero, una vez en el mundo real, pierde la fe, "ya no es un amiga de Narnia", se ha rendido al mundo material y es sorda a la llamada de Aslan.


Edmund, en El León, el Bruja y el armario, juega el papel de Judas, el traidor. Sin embargo tiene la oportunidad de redimirse aceptando la verdad de Aslan a medida que avanza la serie. Por ejemplo, en El príncipe Caspian es el único que respalda la afirmación de Lucy de ver a Aslan, y en La travesía del viajero del alba, conforta y anima a Eustace después de su episodio de conversión en dragón.


Lucy y Susan juegan con Aslan de Pauline Baynes (1922-2008)

Eustace, el primo de los hermanos Pevensie, entra la serie en La travesía del viajero del alba. Se trata de un niño que carece de imaginación, pervertido por la escuela y su educación materialista, lo que le impide percibir la belleza, el bien y la verdad. Pero su conciencia moral despierta paulatinamente tras convertirse en dragón y conocer a Aslan, quien le despoja de su piel escamosa arrojándolo a un pozo, en una especie de bautismo del que emerge como un hombre nuevo, convirtiéndose en un campeón de Narnia, un luchador por la verdad de Aslan en La última batalla.

No obstante lo dicho, algunos han tratado de ir más allá preguntándose cuál habría sido en realidad el sentido último de la obra, especulando si las escribió con un significado oculto y para nada evidente ¿por qué siete? ¿Cada una trata un tema distinto? ¿Hay un significado oculto que no sea aquel al que acabamos de referirnos?


Edmund delante de la guarida de Jadis, la Bruja Blanca, ilustración de Pauline Baynes

En este sentido hay una tesis interpretativa reciente sumamente sugerente (aunque ya se había especulado sobre si los libros representan a los siete pecados capitales, las siete virtudes o los siete sacramentos católicos), esbozada por uno de los más reconocidos expertos en C.S. Lewis y su obra, Michael Ward. Según esta tesis, las siete Crónicas serían una representación de los siete cielos del cosmos medieval. Cada novela de la crónica estaría diseñada de acuerdo con el simbolismo asociado a uno de estos siete cielos (todos y cada uno de ellos regido por un astro distinto) y que Lewis describió como «símbolos espirituales de valor permanente». En esta concepción astronómica medieval, por encima de la Tierra había un conjunto de esferas concéntricas regidas, cada una, por su propio astro celeste: la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. Por encima de estas esferas estaban las estrellas y allí, el Primum Movens, la morada de Dios. Cada libro de Narnia se habría basado en uno de estos cielos y su astro regidor, impregnándose con aquellos aspectos planetarios asociados tradicionalmente a los mismos, como jovialidad, marcialidad, saturnidad, etc.

Parecería simplista afirmar que El león, la bruja y el armario encarna únicamente el espíritu festivo de Júpiter, que El Príncipe Caspian se ocupa sólo sobre la guerra (como asociado a Marte), que La travesía del viajero del Alba trata simplemente sobre el Sol, que La Silla de Plata está relacionada con la Luna -cuyo metal asociado es la plata-, El Caballo y el muchacho con Mercurio, El Sobrino del Mago con Venus y el amor creador y La última batalla con Saturno, cierto, pero tampoco sería descabellado sostener que todos ellos parecen estar permeados con las características propias de esta medieval cosmología.

Pero especulaciones al margen (por muy atractivas que puedan parecer, y a mí me lo parecen), el centro de todo está el hecho de que Lewis escribió una serie excepcionalmente entretenida y de un elevado nivel artístico que vale la pena conocer. Además, en un mundo en el que se está expulsando a las convicciones religiosas a una esfera privada y silenciosa y donde la religión y la fe (y más si son cristianas) son a menudo dejadas fuera de los libros de los niños, relatos como estos de Lewis donde la moralidad cristiana y los mensajes de fe, humildad, confianza y honor son parte sustancial de su contenido, son muy necesarios y, en cierto modo pueden infundirnos cierta esperanza, dada su continua popularidad entre los niños (y adultos) de todos los lugares del mundo durante las últimas casi siete décadas.


Edicion en español de Planeta
En España los libros han sido editados en varias versiones (bolsillo de tapa blanda  y cartoné) por la Editorial Planeta (por cierto, con las clásicas ilustraciones de Pauline Baynes, lo que es de agradecer, pues ya son consideradas como inseparables del texto). El orden de lectura mas aconsejable no es el de su publicación. El propio Lewis parece mostrase partidario de una lectura ordenada según el discurrir cronológico de los acontecimientos (tal y como son ahora ordenados por la editoriales y tal y como los hemos ordenado aquí); pero no del todo, pues también señaló: «Cuando escribí El león, la bruja y el armario nunca pensé que escribiría más. Luego escribí El príncipe Caspian como una secuela y seguí sin creer que habría más libros. Y cuando terminé La travesía del Viajero del Alba, estaba convencido de que sería el último. Pero me di cuenta de que estaba equivocado. Tal vez no importe demasiado en qué orden sean leídos. De hecho, no estoy del todo seguro de que los otros libros fueran escritos en el mismo orden en que fueron publicados».  

Por lo tanto, parece que lo importante no es el orden, sino que sean leídos. No obstante, mi hija mayor L. dice que es imprescindible comenzar con El sobrino del Mago y terminar con La última batalla, pues en caso contrario será diíicil comprender bien todos los demás.

Creo que puede ser una buena lectura veraniega, tanto para padres como para hijos. Así que anímense, de verdad que valdrá la pena.

De 11 años a en adelante.




3 comentarios:

  1. Excelente post, como todos los del blog!! Unas preguntas: Coincide el año narniano en La travesía del viajero del alba y La silla de plata: puede ser un error? Creo que Caspian ya era anciano en el segundo y por eso no lo reconoce Eustace. Cómo se saben esas fechas, tanto narnianas como nuestras? Y una última: de dónde es la cita de Lewis sobre sus libros? Muchas gracias!!

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  2. ¡Tres hurras por C.S Lewis! Grande donde los haya, sin duda ninguna.

    Además, las conversaciones que mantuvo con J.R.R. Tolkien en aquellas tertulias de los Inklings (cenáculo de académicos y escritores ingleses Oxford) debieron ser francamente memorables (lo que hubiera dado por asistir a los "pleitos" filosóficos que mantuvieron estos dos gigantes de la literatura, sobre todo en lo que refiere al camino que llevó a la conversión al cristianismo de Lewis, y todo mientras se leían los manuscritos personales de Narnia y la Tierra Media).

    Seguí el mismo orden que usted menciona cuando leí los libros de Narnia. Me parece a mi el mejor, sobre todo empezando por el Génesis narniano y acabando por la Consumación de su tiempo y la apertura del Reino de los Cielos. En fin, una obra imprescindible donde, como muy bien dice, lo heroico, lo noble, lo bello y lo justo caminan de la mano.

    Un cordial saludo

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  3. No conocía la tesis de Michael Ward sobre los siete cielos. Que yo sepa, él nunca lo explicó así, pero encaja y es realmente precioso.

    Los libros son una maravilla, pero las cartas que él escribía a sus lectores infantiles dicen todavía más de él que los propios libros. Si lees Narnia le admiras, si lees esas cartas le quieres.

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