martes, 20 de noviembre de 2018

¡MÁS IMAGINACIÓN, QUE ES LA GUERRA!


Éxtasis, óleo de Maxfield Parrish (1870-1966).



“A menos que los artistas puedan recordar lo que fue ser un niño pequeño, sólo estarán medio completos como artistas y como hombres.”
James Thurber

  “Muchas cosas son posibles con tal de que no se sepa que son imposibles.” 
Norton Juster

Las Alicias de Lewis Carroll crearon escuela dejando tras de sí numerosas trazas en forma de cuentos y novelas que, en formas más o menos afortunadas, se han sucedido desde que el literato y matemático de Oxford publicase sus dos obras maestras a finales del siglo XIX.  

Siguiendo esa estela, hoy voy a hablarles de dos libros que, imaginación en ristre, recogen esa tradición del nonsense de Carroll y con uso de una fantasía abstrusa e hilarante hacen un muy digno homenaje al maestro, no sin dejar de contener entre sus páginas mensajes y pistas nada desdeñables para los niños de hoy.

Me refiero a La maravillosa O de James Thurber (1957) y La cabina mágica de Norton Juster (1961), que con ingenio excelente y vigorosa invención juegan con los números y las palabras en una fábulas deliciosamente entretenidas.

La maravillosa O. James Thurber (1957).

Portada del libro, editado en España por Ático de libros.

Este breve historia, irónica y humorística como todas las de Thurber, ha sido definida como «un cuento de hadas para todas las edades sobre piratas que van a la guerra por una sola letra del alfabeto». Y realmente es así.

Dos piratas (Black y Littlejack) llegan a la isla de Ooroo en busca de un tesoro escondido. Uno de ellos tiene un odio irracional de la letra “o” por causa de un incidente ocurrido en su infancia, y al verse frustrado por no encontrar el referido tesoro, destierra de toda la isla el uso de dicha letra.

De esta forma comienza una hilarante, absurda y profunda aventura sobre las implicaciones de la palabra para los hombres. Después, como no, los habitantes nativos del lugar se rebelan contra los piratas y sus absurdas imposiciones gramaticales de imprevisibles consecuencias, los abogados y los jueces discuten sobre la semántica y la isla se sume en un profundo caos causado por los efectos en la vida cotidiana del destierro de la letra “o”. La heroína, Andrea, y sus amigos, sostienen que hay cuatro palabras que contienen la letra proscrita sobre las que no se puede transigir: el valor, el amor, la esperanza y la libertad (courage, love, hope y freedom), y con estas cuatro palabras en sus corazones y con la ayuda de los héroes literarios de ficción con una “o” en su nombre, tales como Lancelot, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Robin Hood, los malhumorados Doones de Lorna Doone, Davy Crockett, Daniel Boone o Sherlock Holmes, combaten a los tiranos piratas y los vencen, expulsándolos de la isla.

Dos de las magníficas ilustraciones de Marc Simont (1915-2013).
De forma traviesa, James Thurber construye con esta historia una lección moral a partir de del principio de que la palabra y el lenguaje dan cuenta del mundo y en cierto modo lo hacen posible. Libro divertido, inteligente e ingenioso, lleno de juegos de palabras e ideal para leer en voz alta con los niños. Con razón se ha dicho de él que, «como todas las buenas fábulas, está narrada en un lenguaje sencillo que maravilla a los niños». 

De 12 años en adelante.

La cabina mágica. Norton Juster (1961).

Portada del libro, editado por Anaya.
Esta ingeniosa fantasía se centra en torno a Milo, un aburrido niño de diez años de edad que, de forma misteriosa, recibe en su casa un paquete que contiene una cabina de peaje y un pequeño automóvil para atravesarla, lo que le conducirá a un mundo mágico, La Tierra del Más Allá, donde se encuentra el reino de Diccionópolis. Una vez en él, Milo conduce su diminuto auto en un viaje memorable, acompañado de un Cronocán  llamado Toc, un curioso animal mitad perro y mitad reloj, cuya tarea en ese lugar es ocuparse de que nadie pierda el tiempo. En este viaje el niño protagonista conocerá a dos personajes que le ayudarán en sus aventuras (la Ortoabeja, un insecto que es capaz de deletrear cualquier palabra y el Embaucador, un escarabajo elegantemente vestido con abrigo y bombín), descubrirá la magia de las palabras y los números y tratará de cumplir la misión “imposible” de salvar a la princesa Dulce Rima y la princesa Razón Pura –encerradas en el castillo del Aire–. Con la ayuda de sus extraños compañeros de viaje, Milo completa su empresa, rescatando a las princesas y devolviendo la armonía al reino.

Mapa de la Tierra del Más Allá y el reino de Dicionópolis.
Uno de los encantos del libro consiste en tomar multitud de conceptos abstractos (razón, ignorancia, sabiduría, pereza) y darles una pátina de concreción, encarnándolos en personajes o situándolos en lugares que van apareciendo a través de la historia (La Murria –un lugar dónde parece reinar el «demonio del mediodía»–, El Mercado de las Palabras, el Mar del Conocimiento, las Montañas de la Ignorancia o las Colinas de la Confusión, los Letargones, el Gigante Gelatinoso, el Terrible Trivial, Cronocán como perro guardián de que nadie pierda el tiempo, etc.), lo que sirve al autor para hacer una sutil apología del valor de la cultura y el saber, frente a la ignorancia, la apatía o la vagancia.

Desde luego, incluso sin esa lectura aleccionadora (que ciertamente forma parte de la historia) el libro es divertido y entretenido, aunque visto así y dado que una de sus lecciones parece ser el advertir de los peligros de perder el tiempo, su lectura meramente lúdica termina siendo el mejor argumento en contra de sí mismo.

Dos de las lustraciones del libro realizadas por Jules Feiffer (1929-).

Lleno de juegos de palabras, rompecabezas de matemáticas, sátira social e ironía, es un libro de varios niveles al que muchos lectores han vuelto a en diferentes etapas de la vida en búsqueda de algo nuevo. Hay hallazgos memorables que no se olvidan y que, además, son muy representativos de nuestro tiempo, como el Gigante Gelatinoso, el tibio que siempre se escuda en expresiones ambivalentes como «bueno, más o menos, así es, pero podríamos decir que, en comparación, no. Quiero decir que vaya, que relativamente tal vez, o en otras palabras, que apenas muchísimo» o el Terrible Trivial, «demonio de tareas insignificantes y trabajos inservibles, ogro del esfuerzo derrochado y monstruo del hábito», quien sostiene que «si sólo haces las cosas fáciles e inútiles, nunca tendrás que preocuparte por las importantes, tan difíciles. Sencillamente, no tendrás tiempo».

La historia está convenientemente ilustrada con unos expresivos dibujos en blanco y negro de Jules Feiffer, uno de los más populares humoristas norteamericanos de prensa escrita y en el año 1970 fue trasladada al cine en una película de animación por Chuck Jones.

De 12 años en adelante.

Todos aquellos niños que hayan seguido con delicia y entusiasmo a Alicia por la madriguera del conejo o a través de su espejo, disfrutará de las aventuras contenidas en estos dos libros, sus descendientes literarios en ese “País de las Maravillas” que constituye el mundo de la fantasía y la imaginación infantil.


martes, 13 de noviembre de 2018

CUMBRES BORRASCOSAS

Cumbres Borrascosas, obra de Robert E. McGinnis (1926-).

“Iré por donde me lleve mi naturaleza
–me irritaría que me guiase otro cualquiera–
,
adonde grises rebaños pacen entre helechos, 
adonde el viento indómito sopla en las laderas.
¿Qué revelan estos montes solos que valga la pena? 
No alcanzo a decir cuánta gloria y desconsuelo:

la tierra que mueve a sentir a un corazón humano puede contener los
 mundos del Cielo y el Infierno”. 
Emily Brontë

Estas estrofas de Emily Brontë, intensas y tristes, prefiguran el leitmotiv que, en peregrinaje angosto y salvaje, atraviesa las páginas de la novela de que voy a hablarles, la única que ella escribió. Se trata de Cumbres Borrascosas (1847), una historia de amor ambientada en los desolados páramos de Yorkshire a finales del siglo XVIII, y algo más que todo eso también. 

Se trata de una novela que transita entre el Cielo y el Infierno, como transitan los personajes de las familias protagonistas, entre la casa familiar de los Earnshaw, llamada –como el título– Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights) y la de los Linton, bautizada como La Granja de los Tordos (Thrushcross Grange), hogares y escenarios opuestos del relato, desde los que el viento de los paramos parece gritarnos junto con Emily: “la tierra que mueve a sentir a un corazón humano puede contener los mundos del Cielo y el Infierno”. Y a buena fe que en esta novela es cierto. Es una historia “oscura, salvaje y nudosa como una raíz de brezocomo dijo de ella su hermana Charlotte.
  
La novela se entretiene en los amores y desamores de sus dos protagonistas, Catherine (Cathy) Earnshaw y Heathcliff, cuyos destinos son fruto de una pasión desbocada, al igual que es desbocado su itinerario retórico, pues se inicia en el final del libro y camina hacia el principio de la mano de un narrador secundario (el Sr. Lockwood). El relato nos conduce a lo largo de un período de unos cuarenta años, en el que desenvuelve sus efectos catastróficos el amor ardiente y condenado de Cathy y Heathcliff, un amor asediado por el orgullo y el odio, sobre todo por parte de Heathcliff, y que no obstante resiste el acoso para finalizar triunfante. Es el mismísimo cierzo de los abruptos páramos el que sopla entre las líneas del libro, un aire del Norte, que ruge en su inicio salvaje, y del que puede sentirse su terrible poder, si bien, transita finalmente calmo y límpido, pues bien sabemos que “el viento del norte ahuyenta la lluvia” (Proverbios 25:23). Al final de la novela todo lo que queda, el único sonido que se escucha, es el del “viento suave que respira a través de la hierba”, como nos dice el Sr. Lockwood.

La materia prima de la novela es la naturaleza humana cruda y salvaje, desnuda en sus miserias tras la caída, de la que hace buen uso la autora para expresar su arte a través de un simbolismo poderoso. T. S. Eliot señaló que esta novela era el primer ejemplo en la literatura inglesa del «correlato objetivo» como sucesión encadenada de imágenes simbólicas poderosamente evocadoras. Aquí, el viento bramante y los desolados páramos son la imagen potente de una historia impactante. Como dijo Virginia Woolf de la autora, “al hablar del páramo conseguía hacer que el viento soplara y el trueno rugiera”; y el soplo de ese aire salvaje y el rugido del trueno dicen en la novela muchas cosas.

Hay quien dice (incluso sus primeros críticos) que la novela de Emily Brontë carece de moral, que no es posible encontrar una dimensión ética en ella. No obstante, algunos otros –entre los que modestamente me encuentro–, piensan que se trata de un cuento cautelar, precautorio. Quizá esta generalizada incomprensión nazca de lo que señala, agudamente, Joseph Pearce: “sin conocer la profunda fe cristiana de Emily Brontë, es tentador ver “Cumbres Borrascosas” como un retrato comprensivo de la pasión carnal en lugar de un cuento de advertencia contra ella. En estos casos, la distancia filosófica crucial entre el autor y sus protagonistas es la clave para comprender el significado más profundo de las obras”. Hay por tanto que conocer al autor y no desconocer que las hermanas Brontë crecieron en un hogar de intenso sentido religioso.
Fijémonos para ello en los comportamientos de los protagonistas y en el resultado de sus acciones: el más mínimo retazo de verdadera felicidad que cualquiera de ellos experimenta es el resultado de la bondad amorosa, es decir, paciente y misericordiosa, como nos canta San Pablo. Incluso se resalta por algunos la importancia de la extraña forma de morir de Heathcliff, puesta en relación con la pérdida de su deseo de venganza y con una especie de redención. Viceversa, podría sacarse una lección parecida de las malas acciones. Como recoge una reseña de la época, "El lector recibe una impresión desagradable, repugnante casi hasta la náusea por los detalles de crueldad, inhumanidad, del odio y la venganza más diabólicos. Y después aparecen pasajes que testimonian poderosamente la fuerza del amor, que actúa incluso sobre los demonios con forma humana.
¿O quizá sea mucho pedir a la novela? 
No sé, pero, en todo caso, la narración mostrará a los chicos, como buena novela de “ritos de paso” que es, el tránsito, a veces doloroso y desconcertante, de la inocencia a la experiencia a través de una gráfica comprensión del mundo de los adultos. Esta historia pretende perforar el corazón, y a fe que lo hace. Sus jóvenes lectores no quedarán indiferentes.
No olviden tampoco que, como todas las buenas obras, deberían releerla cuando adultos. Será en ese momento en el cual la exaltada y romántica de la pasión de Heathcliff y Cathy podrá ser vista en su verdadera dimensión; como señala Marianne Thormählen en su estudio Christian Ethics in Wuthering Heights, “a menudo se ha dicho que Cumbres borrascosas es una novela sobre los niños (...). Esa observación resulta cierta, y recuerda a Corintios 1, 13:11: “Cuando era niño, hablaba como niño, entendía como niño, pensaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé de lado las cosas de niño”. Tal vez se pueda decir que algo así sucede cuando Heathcliff pierde el apetito de venganza a la edad de cuarenta años: el vengador diabólico se convierte en un hombre, en un ser humano, ya que el amor es finalmente capaz de invadir su conciencia; y dicho cambio lo lleva fuera de este mundo, a unirse a su amada Cathy, sea lo que sea y donde sea que ella esté”.
Me gusta pensar que es así, pero reconozco que pocas novelas han dado tanto de que hablar y tan poco sobre lo que estar de acuerdo; Harold Bloom la señala como “una anomalía que no tiene un género claro” y E. M. Foster, a diferencia de lo que aquí señalo, recalca que “ningún gran libro está más aislado de los universales del Cielo y del Infierno que este”. 

En todo caso veo claro que al menos pueden darse dos lecturas distanciadas entre sí por los años y la experiencia. Pero los adolescentes, en su primera y apasionada lectura, carecerán por sí solos de la madurez, la sazón y el conocimiento para llegar hasta fondo espiritual que he comentado. En este sentido, quizá no sea una mala indicación orientarles de la manera comentada. 
Aún así, quizá la historia pueda inspirar o hacer crecer en el joven lector una sapiencia poética sobre el corazón humano y los riesgos de sucumbir a sus impulsos. Por poco que quede tras su lectura, podría, no obstante, ser suficiente alimento; como dijo Wordsworth:
“Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.”

Que así sea.

Para chicos de 15 años en adelante.