VERANO: UNA INVITACIÓN A LA LECTURA

«Noche de verano, leyendo en la terraza». Obra de Delphin Enjolras (1857-1945).





LA CASA ESTABA EN SILENCIO Y EL MUNDO ESTABA EN CALMA


Wallace Stevens

(1879—1955) 



La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.

El lector se convirtió en el libro, y la noche de verano


era como el ser consciente del libro.

La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.


Las palabras se pronunciaban como si no hubiera libro,

salvo que el lector se inclinaba sobre la página,


quería inclinarse, quería, más que nada, ser

el erudito para quien su libro es verdadero, para quien


la noche de verano es como una perfección del pensamiento

La casa estaba en silencio porque tenía que estarlo.


El silencio era parte del significado, parte de la mente:

la llegada de la perfección a la página.


Y el mundo estaba en calma. La verdad en un mundo en calma,

en el que no hay otro significado, en sí misma


es calma, en sí misma es verano y noche, en sí misma

es el lector inclinado, a deshora, allí, leyendo.






El verano, en el que ya estamos sumidos, agobiados por el calor y aliviados, al menos en parte, de las obligaciones y los horarios, es, proverbialmente, un tiempo para leer. Al menos, yo lo asocio con ello; quizá sean recuerdos, quizá sean deseos nunca cumplidos del todo: sueños, ensoñaciones vagas y difusas como las tórridas calmas de las tardes veraniegas. Esas que glosó, de forma parca y hermosa, Manuel Machado en este soneto cortísimo de versos ¡trisílabos!:


Frutales

cargados.

Dorados

trigales…



Cristales

ahumados.

Quemados

jarales…



Umbría

sequía,

solano…



Paleta

completa:

verano.

 

Ahí me veo yo: yo con un libro. Y ahí quiero verles a ustedes y a sus hijos.

Aprovechemos el verano para, entre otras cosas –pues tiempo hay para casi todo–, leer: lo que aún no hemos leído, o lo que hemos guardado para momentos de calma, como los que ofrece este tiempo de estío, tal y como dice el bello poema de Stevens con el que empieza este pequeño artículo. Un poema que refleja a la perfección lo propicia que es esta época para la lectura, con sus calmas, su silencio y su despreocupación.

Y, para ayudarles en la —no siempre fácil— labor previa de elección, recupero aquí anteriores entradas en las que les he recomendado lecturas veraniegas. Espero que les sirvan de ayuda... pero, sobre todo, lean. Y lean buenos libros.


LECTURAS ESTIVALES (I). PARA LOS MAYORES (13 años en adelante)

LECTURAS ESTIVALES (II). PARA LOS PEQUEÑOS (3 a 7 años)

LECTURAS ESTIVALES (III). PARA LOS DEL MEDIO (8 a 12 años)


P.D: Y también les invito al blog vecino (La memoria poética) dedicado a la poesía, donde encontrarán algunos otros poemas veraniegos.

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