LA BELLEZA Y SENCILLEZ DE SIBYLLE VON OLFERS, OTRA VEZ

Ilustración de «Lo que le ocurrió a Marilenita».




«En los libros de Sibylle von Olfers, la naturaleza real no se distorsiona, sino que ocupa su lugar con tranquilidad gracias a la espléndida fidelidad y naturalidad del dibujo».

Bettina Hürlimann





Los fieles a este blog saben de mi predilección por Sibylle von Olfers, de la que les he hablado en repetidas ocasiones, convencido como estoy de que siempre es un acierto difundir su obra entre la infancia. Por suerte, parece que no soy el único que piensa así.

No sé si conocen Ysabel Ediciones, un novísimo proyecto editorial de esos que hacen verdadera falta. Impulsado por un joven matrimonio, Belén y Manuel, nace con la intención de hacer el bien, de buscar el bien de los otros. Es, por lo tanto, un proyecto lleno de amor. Y eso se nota.

Como el verdadero amor va siempre acompañado de la belleza, esta también está presente en los libros que Belén y Manuel rescatan del olvido para nosotros y nuestros hijos (porque verdaderamente lo hacen, créanme; salvan y rescatan tesoros olvidados). Los libros de Sibylle von Olfers de los que les hablaré aquí son una espléndida muestra de ello, amén de una fantástica carta de presentación. 

Del cuidado que Ysabel Ediciones pone en todo lo que hacen y de su conciencia acerca de la importancia de lo que está haciendo hablan sus propias palabras: «Rescatamos libros viejos y nuevos. Los libramos del tiempo, de las adaptaciones, de la nube… Guardamos las apariencias porque las apariencias nos guardan. Creemos que el exterior protege el interior y, por eso, cuidamos cada detalle». Visiten su web; les adelanto que no les dejará indiferentes: https://ysabelediciones.com/

Pero volvamos con Sibylle. Ella era una espléndida dibujante y poseía una sana y fructífera imaginación. En uso de ambos talentos, nuestra autora, de manera delicada y sutil, deslizaba entre las páginas de sus historias aquello que el alma infantil necesita.

Esto es lo que más nos debe interesar de la buena de Sibylle (y lo que a ella le llenaría de satisfacción —espero que pueda verlo allá donde esté—): lo que les pasa a los críos cuando leen sus cuentos. Eso sí que es real. Porque un efecto transformador acontece en sus almas, y del bueno. Créanme. Y es que Sibylle, aunque no pudo tener hijos, amaba de verdad a los niños. Y también los comprendía.

A veces pienso que ella nunca dejó de ser niña, porque su visión del mundo era como la de un niño. Ellos entienden la naturaleza de una forma que a los adultos nos resulta imposible, porque nosotros estamos demasiado ocupados preocupándonos por el dinero, las apariencias o por comprar un coche más grande, o una casa más grande o lo que sea más grande y aparente. Sibylle no era así, eso está claro, y no solo por la vida que llevó; simplemente bastaría con echar un vistazo a sus libros. Háganlo. Será como un bálsamo.

Es aquí donde Ysabel Ediciones nos hace un regalo: nos trae, en unas bellas, cuidadas y delicadas ediciones, tres de sus historias: El banquete nupcial del león, El reino de las Mariposas y Lo que le ocurrió a Marilenita.

La primera, El banquete nupcial del león, es una historia al estilo de las fábulas clásicas, llena de animales, pero sin moraleja; solo armonía, realismo, fantasía y ritmo: el rey león organiza su boda y se convoca a todos los animales del bosque, o de donde fuera que vivieran, para que acerquen sus presentes a su rey. Marchando en fila, uno detrás de otro, dibujados con precisión científica, pasan la cigüeña, el cerdo, el oso, el asno, el perro y muchos más, cada uno de ellos ofreciendo a su monarca lo mejor que tiene. Todo un catálogo zoológico precioso.

La segunda es una historia muy de von Olfers, reconocible para todo aquel que haya disfrutado de su arte. Como nos dicen los editores: «un mundo escondido entre flores, donde las crisálidas esperan el día en que los primeros rayos del sol primaveral les entreguen sus alas». Bello, radiante y delicado.

Al igual que muchos otros libros ilustrados de su creadora, El reino de las Mariposas refleja su visión sobre la naturaleza como una hermosa creación sujeta a un orden agradable y sereno en el que todo se desarrolla como debe ser. Aquí, las criaturas feéricas que pueblan las páginas son presentadas como presencias angelicales al cuidado de figuras maternales, que aguardan y se preparan con delicadeza para el día en que los primeros rayos dorados de la primavera lleguen anunciando un nuevo comienzo en sus vidas.

La tercera, Lo que le ocurrió a Marilenita, nos habla de un viaje iniciático. No se trata del viaje del héroe; es más bien un sencillo y breve episodio, casi onírico. Aparecen unos niños de las nieves —esos copos que caen, vistos a través del duermevela infantil—, una encantadora Reina de las Nieves, muy distinta a la del cuento de Andersen, y un precioso palacio de cristal. Es como si Maurice Sendak, con su famoso Donde viven los monstruos, hubiera seguido la estructura de esta historia, aunque con pretensiones muy distintas.

Tanto en estas como en todas sus demás obras se puede entrever un aire contemplativo y profundamente espiritual. Ella misma, marcada por una temprana vocación artística y religiosa, fue guiada por el asombro ante la Creación y el ritmo sagrado de las estaciones. Y así lo plasmaba en sus relatos, acompañados de sus sencillos dibujos en el estilo Jugendstil (el Art Nouveau alemán). Lean a sus hijos sus cuentos con esta mirada contemplativa en mente y captarán su mensaje más profundo: que la naturaleza es un hogar vivo que merece ser amado y respetado. Una fuente inagotable de contemplación y asombro.

Ojalá la gente entendiera esto y, a la vez, comprendiera de verdad a los críos y dejara de regalarles todos esos libros para medio idiotas llenos de consejos pseudo-edificantes sobre sentimientos pegajosos y colores inanes. Lo único que necesita un niño es algo muy sencillo: que no lo emponzoñen; que dejen crecer su imaginación sana y pura. Y en las historias contadas e ilustradas por Sibylle von Olfers encontrarán esto en abundancia.

Así que, si de verdad quieren hacerles un favor a sus hijos, a sus nietos, a sus sobrinos o a los hijos de sus amigos, cómprenles uno de estos libros y déjenlos solos en su habitación sin preguntarles qué han aprendido; simplemente dejen que su imaginación se alimente de belleza y sencillez.

Porque… ¿qué clase de persona necesita que le expliquen por qué una flor es hermosa?


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