sábado, 11 de marzo de 2017

A VUELTAS CON LA POESÍA. LAS ANTOLOGÍAS

Una atracción rival de Charles Burton Barber (1845-1894)


«Prosa son las palabras en su mejor orden; Poesía son las mejores palabras en su mejor orden»
Samuel Coleridge



Voy a poner punto y final al tema de la poesía… bueno, no, punto y final no, mejor será un punto y aparte. En fin, sea lo que sea, voy a hacerlo refiriéndome a algunos libros que me sirvieron y me siguen sirviendo para acercar la poesía a mis hijas. No son muchos y además su elección puede resultar discutible, lo sé. Pero son los nuestros, nos han servido, nos sirven y les tenemos cariño. Así que voy a ello.

De entrada, me veo obligado a realizar una suerte de breve proemio. Sabemos –creo que en esto no puede haber duda–, que la Poesía estaba más presente en la cultura pre-moderna que hoy en día; por lo tanto los niños tenían un contacto más intenso y frecuente con ella. De esta forma, aquellos niños habrían encontrado poesía en casi todos los aspectos de su vida cotidiana: en la escuela, en sus devociones, en sus hogares y en las calles. También gozaban de la atención de los literatos: se afirma por los que saben que a mediados del siglo XVIII gran parte de la poesía se estaba publicando especialmente para los niños, con intención de entretenerlos y aleccionarlos.

El gato con botas de James Wells Champney (1843-1903) 

Hoy es diferente; lo prosaico campa por sus respetos en todos los órdenes de la vida, y lo poético se inclina equívocamente hacia aquellos a quienes debería elevar, con resultados nefastos. No es que no exista preocupación por el tema, que la hay, pero me temo que su enfoque está distorsionado. Soy de la opinión de que la mayoría de la poesía infantil actual es sentimental y vacua, de una simplicidad rayana con la idiocia y con abandono de aquello que debería constituir su esencia: la comprensión y la expresión de la Verdad.

Se dice al respecto –y en mi ignorancia estoy de acuerdo-, que la poesía para niños debe tener «simplicidad sin estupidez» y que lo más importante es que los poemas vean las cosas desde el punto de vista de un niño; quiero entender que esto solo puede significar que el poeta habrá ser un visionario de la Verdad, lo cual, como hemos visto, no resulta fácil, y, paradójicamente, nos lleva de nuevo al principio, a esa conexión intemporal entre los niños y los verdaderos poetas, los grandes poetas (conexión que muchos de ellos ha reflejado en sus poemas, sea plasmando un añoranza o morriña inconsolable por la infancia perdida, sea sumergiéndose en la contemplación asombrosa de lo creado, sea descifrando para los otros lo visible y lo invisible). Por eso mismo, no cualquiera puede crear poemas que los niños puedan apreciar y creo que esto los niños lo notan, fascinándose ante unos –los grandes maestros, los auténticos poetas– y aburriéndose ante los otros –los aprendices–.


Estudio en un escritorio de lectura de Frederic Leighton (1830-1896)

Por esta razón, huyo sin disimulo de la poesía simplona, esa que no valora en su correcta medida al niño, e invito a ambicionar metas más altas, de resultados menos inmediatos, más ariscas, más costosas, pero infinitamente más auténticas e iluminadoras de la Verdad. Si queremos que el niño se aproxime a esta, sí queremos darle una nueva ayuda en la difícil búsqueda de la misma, démosle verdadera poesía, la que proviene de los grandes poetas, aquellos a los que se refería Longfellow con estos versos:

“Los poetas sublimes,
cuyos pasos distantes resuenan
por los corredores del Tiempo.”

Así que paso a enumerar y comentar brevemente algunos libros que, entiendo, responden a las exigencias antepuestas.

Las antologías son una formula muy válida de acercar la poesía a los niños, pues no todos los grandes poetas han escrito libros que puedan, en su totalidad, ser captados por lo niños. Hay un poema aquí, encontramos otros allá, y otro más acullá. Es por tanto preciso reunirlos, y eso lo hacen muy bien los antólogos. Así que la cuestión se reduce a encontrar un buen antólogo. Y si bien estos no son tan escasos como los poetas –aunque a menudo son ellos mismos poetas–, tampoco son tan abundantes.

Gran Bretaña, donde nació propiamente la literatura infantil, goza de algunos ejemplos relevantes: ¡Ven acá! de Walter de la Mare, que recoge poemas desde Chaucer hasta la primera mitad del siglo XX (según John Senior “la mejor antología de poesía para «niños de todas las edades»”). Otra magnífica obra es El Camino de la Poesía de John Drinkwater (otro poeta). Pero ninguno de los dos libros se encuentra traducido al castellano.

Por eso, además del libro que nos refirió hace unos días un amable comentarista (350 poemas para niños de la biblioteca Billiken), podemos acudir a las siguientes antologías –algunas de ellas no se encuentran sino en librerías de viejo­–: Cordialidades (1941) de Antonio Fernández, Poesía infantil (1951) de Federico Torres, Versos para niños (1954) de Antonio Fernández, Selección de poesía para niños (1961) de Juan-Miguel Romá, Antología de la literatura infantil en lengua española (1966) de Carmen Bravo-Villasante, El silbo del aire (1965) de Arturo Medina, Poesía española para niños (1997) de Ana Pelegrín, y Canto y cuento (1997) de Carlos Reviejo y Eduardo Soler. De todas ellas solo puedo dar testimonio de El silbo del aire y de Poesía española para niños, ambas unas estupendas antologías, variadas y aptas tanto para niños como para jóvenes.


Ilustración de Jessie Willcox Smith (1863-1935)

Así que, acabando… Se ha dicho que William Blake se inspiró para su obra Cantos de la inocencia, en la suave retórica de las madres cantando y hablando con sus hijos pequeños; Blake comprendió que la poesía, para llegar a los niños, necesita una mezcla cuidadosa de creencia y realidad, de placer y sabiduría. Utilizando dos felices hallazgos de Blake finalizo: si bien hoy los poetas son menos propensos que antaño a "golpear a las puertas del cielo", sin embargo, podríamos, como él, animar a los niños a "jugar entre las estrellas enredadas", ¿Cómo? quizás intentando ser, juntamente con ellos, nuestros antólogos y construir así nuestro pequeño Jardín de versos, como diría Stevenson.

En este sentido y más como muestra de un esfuerzo que como ejemplo de nada, me atrevo a ofrecer (accesible a través del siguiente enlace) una de las selecciones de poemas que pusimos y seguimos poniendo en las manos de nuestras hijas, acompañadas de dibujos en blanco y negro, lo suficientemente neutros y tenues como para no interferir en los poemas, pero lo suficientemente atractivos como para que fueran de su gusto y pudieran ser colorearlos por ellas. Espero que les guste y sea de su utilidad.

https://drive.google.com/file/d/0B0c1SbQWIZGfRE5iTHY0MkpKQTA/view?usp=sharing




2 comentarios:

  1. Gracias! clap, clap, clap!
    Ya me pongo manos a la obra para comenzar un camino serio en el disfrute de la poesía en familia, con su mapa de ruta en mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias! Palabras como las suyas son todo un aldabonazo para continuar. De verdad que se lo agradezco.

      Un saludo cordial.

      Eliminar