PIRATAS, PIRATAS Y MÁS PIRATAS

Caminando por la tabla, óleo de Howard Pyle (1853-1911).




“Si los cuentos que narran los marinos,
hablando de temporales y aventuras, de sus amores y sus odios,
de barcos, islas, perdidos Robinsones
y bucaneros y enterrados tesoros,
y todas las viejas historias, contadas una vez más
de la misma forma que siempre se contaron,
encantan todavía, como hicieron conmigo,
a los sensatos jóvenes de hoy:

—¿Qué más pedir? Pero si ya no fuera así,
si tan graves jóvenes hubieran perdido
la maravilla del viejo gusto
por ir con Kingston o con el valiente Ballantine,
o con Cooper, y atravesar bosques y mares:
bien. ¡Así sea! Pero que yo pueda
dormir el sueño eterno con todos mis piratas,
junto a la tumba donde se pudran ellos y sus sueños”.

R. L. Stevenson



No hay duda alguna de que la figura del pirata, del bucanero, del corsario, ha tenido desde siempre un gran protagonismo en la literatura, especialmente en la infantil y juvenil. Y sin embargo esto constituye una evidente paradoja: el pirata es un delincuente, un fuera de la ley, en ocasiones un asesino ¿porqué entonces aparece como héroe en muchas obras de la literatura infantil y juvenil consideradas clásicas? 

La respuesta puede estar en tres palabras: voluntad, honor y redención. La mayoría de estas historias responden a un esquema argumental tipo en el que el protagonista es un joven injustamente condenado por un crimen que no cometió, lo que le fuerza a convertirse en un hors-la-loi en contra su voluntad, sin que esta situación le impida continuar adherido a su propio y estricto código de conducta y honor. Tras una hazaña en la que el valor y el sacrificio se ponen de manifiesto (liberar una ciudad o una fortaleza, o rescatar a una dama o a una princesa) se redime a sí mismo, lo que le permite reintegrarse en la sociedad. Se trata por tanto de un tipo de pirata sui generis, peculiar y moral, todo lo cual va en contra de la propia definición de pirata, pero enlaza, de manera irresistible, con la parte seductora del personaje (muy bien definida por el famoso corsario Bartholomew Roberts de la siguiente forma: «en un trabajo honrado, lo corriente es trabajar mucho y ganar poco. La vida del pirata, en cambio, es plenitud y saciedad, placer y fortuna, libertad y además poder.») y con los naturales deseos de libertad y aventura propios de los jóvenes. Por último, no se puede olvidar el atractivo romántico de estas historias, aderezado convenientemente por pinceladas de romances y amoríos, trasunto actualizado de los amores corteses y de las relaciones del caballero medieval y su dama, «porque el caballero andante sin amores es árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma».

Con toda seguridad, todos ustedes podrían dar numerosos ejemplos de piratas literarios, y al igual que a ustedes acuden a mí mente muchas historias. De algunas esas historias ya me he ocupado –entre las que está, sin duda, la arquetípica, La Isla del Tesoro, origen de la figura del pirata como parte del imaginario colectivo juvenil–,  y a ellas me remito (la señalada La Isla del tesoro de Stevenson, Peter Pan de Barrie, El escarabajo de oro de Poe y Vencejos y Amazonas de Ransome). Respecto de todas las demás pasaré ahora a ofrecer una breve relación, forzosamente subjetiva e incompleta, pues casi todos los grandes escritores de la novela de aventuras tiene una obra que toca el tema.

Portada y contra portada de una edición temprana de El pirata, ilustrada por John Leighton (1822-1912).

El pirata (1822). Walter Scott: Según la deliciosa sinopsis de Novelas y cuentos, revista literaria (con la que, por cierto, tengo vinculaciones familiares y cuyos tomos que se amontonaban en los estantes de mi padre y de la casa de mis abuelos paternos, lo que recuerdo con especial cariño) “en un país de siniestras leyendas, batido por olas y vientos, el ardor de unos corazones contrasta con el frío glacial. en un marco desolador, extravagantes supersticiones y aventureros de sombrías ideas”. En medio de todo ello asistiremos a los amores entre el pirata protagonista –el capitán Cleveland– y su amada Mina Troil, con las espectrales islas Shetland de Escocia como telón de fondo. Para chicos de 13 años en adelante.

El Pirata Rojo (1828). Fenimore Cooper: compendio de aventuras con un joven y un misterioso pirata como protagonistas, donde la audacia, la temeridad y la dureza de lo implacable de los corsarios se unen en el corsario protagonista a un sentimiento de caballerosidad, respeto a la palabra dada y a un halo de patriotismo que engrandece su figura a pesar de lo equívoco de su oficio rapaz. Una gran novela de aventuras con un misterioso personaje central y delicados toques sentimentales que culminan en un final inesperado. Para chicos de 13 años en adelante.

Los bucaneros al asalto, obra de Frederick Judd Waugh (1861-1940).

Los buscadores de tesoros (1847). Washington Irving“historias de piratas, abordajes, encarnizadas luchas y apresamiento de barcos abarrotados de oro. Viejas leyendas de aquellos audaces aventureros y de sus inmensos tesoros enterrados que a tantos han hecho soñar con riqueza y poderío”, dice la sinopsis de Novelas y cuentos. Una serie de relatos engarzados por unos mismos narradores, en los que los que el misterio de lo sobrenatural y la dura y cruel vida de corsario son usados para advertir sobre la indeseable realidad que se esconde tras una vida fácil de riqueza y poder. Para quien guste de piratas, tesoros perdidos y leyendas. Recomendado para chicos de 15 años en adelante.


Una de las famosas portadas de Manolo Prieto (1912-1991)) para El pirata de Scott, en la revista literaria Novelas y cuentos y la edición de Minotauro de Los buscadores de tesoros. 

El halcón pirata –o los piratas del "Halcón"– (1872). Thomas Mayne Reid: trepidante historia de un hombre –John Coe–, que es obligado a convertirse en filibustero a la fuerza en un buque americano que piratea en las costa de Maryland y se enamora luego perdidamente de una enigmática mujer de origen francés que forma parte de la tripulación, llamada Louise Durocher. Aventuras, riesgo y amor con un esperado final. Recomendada para 13 o más años.

El Corsario Negro (1898). Emilio Salgari: Emilio de Roccabruna, señor de Ventimiglia, se ve obligado a convertirse en corsario para vengar la muerte de su hermano a manos del gobernador de Maracaibo. La historia mas perfecta de Salgari donde la venganza, el honor y el amor se entremezclan con la intriga, la pasión y los secretos gracias a una prosa ágil y fluida que no da descanso al lector. La novela dio inicio al denominado “ciclo piratas del Caribe” y fue seguida por La reina de los caribes, La hija del Corsario Negro, El hijo del Corsario Rojo Los últimos filibusteros. Lo disfrutarán más y mejor de 13 años en adelante.

Edición de El Corsario negro de Biblok con las clásicas ilustraciones de Pipein Gamba (1868-1954).

Los tigres de Mompracem (1900). Emilio Salgari: novela de aventuras en un mundo desmesurado poblado de grandes peligros, animales salvajes y pasiones desbocadas, en el que, sin embargo, terminan prevaleciendo los valores románticos de la lealtad, la amistad, el coraje y el amor. Situando la acción en paisajes exóticos de Malasia, Emilio Salgari relata con su maestría habitual las aventuras de Sandokán, conocido como el temible Tigre de la Malasia, el líder de los piratas malayos que gobierna los mares de Borneo y tiene declarada la guerra sin cuartel a los británicos y holandeses. Desde los 13 años.

Edición de la editorial Prometeo con cubierta obra de Arturo Ballester (1892-1981).

La expedición del pirata (1902). Jack London“un muchacho, con la ilusión de correr aventuras y demostrar que es capaz de valerse por si mismo, abandona estudios y hogar y se une a un pirata sin escrúpulos ni ley, hasta que una dura experiencia le hace ver la realidad de la vida” (presentación de la novela en la revista literaria Novelas y cuentos). Asistimos así a lo que viene ser una novela de formación en la que London ofrece a su protagonista un final feliz, satisfaciendo su inicial deseo de independencia con la nostalgia de un hogar y el logro de un equilibrio interior y una madurez de los que carecía. Una deliciosa novela que conjuga a un tiempo un objetivo moralizador y cautelar con una trepidante sucesión de aventuras. Para niños de 11 años en adelante.

Los piratas del "Halifax" (1903). Julio Verne: nueve jóvenes de diversas nacionalidades se embarcan en un navío que los conducirá desde Inglaterra hasta la isla de Barbados. Sin embargo, la noche antes de embarcar, la nave es tomada por un grupo de fugitivos: los piratas del Halifax. Se inicia así una entretenidísima novela juvenil de viajes, traiciones y peripecias en alta mar, hacia las idílicas Antillas caribeñas. Para niños de 11 años en adelante.


Ilustración de la novela Los piratas del "Halifax", obra de Henri Faivre.

El Capitán Blood (1922). Rafael Sabatini: Durante el tumultuoso reinado de Jaime II, el joven caballero Peter Blood, médico de profesión, es detenido por auxiliar a un rebelde herido. Condenado a diez años de esclavitud en una plantación de Barbados, logra sin embargo escapar y se convierte en  un exitoso y gallardo pirata, conocido como Capitán Blood, que actúa bajo un estricto código de honor y que solo guarda un objetivo: limpiar su nombre y volver a Inglaterra. Asistimos a su lucha contra el corrupto gobernador francés, a su enamoramiento de la bella sobrina de aquel y a la salvaguardia de la colonia británica de un ataque de los franceses, redimiéndose así de su antigua condición de proscrito. De 13 años en adelante.

El capitán Blood ilustrado por Dean Cornwell (1892-1960) y por N. C. Wyeth (1882-1945).

Y visto el panorama, solo les resta, quizá, lo siguiente: recluten a sus grumetes, preparen las tablas de asalto, ármense de valor y grítenles a los suyos: ¡bajen las velas y prepárense para el abordaje muchachos!



Que lo disfruten.









Comentarios

  1. Una apostilla respecto de "Capitán Blood" y su relación con la 'leyenda negra' antihispana:

    "Guillermo I de Orange, principal impulsor de la Leyenda Negra española con su escrito Apología, puso el primer ladrillo de una de las más hábiles y exitosas manipulaciones propagandísticas de la historia.

    Mediante esta leyenda negra, los historiadores y supuestos hispanistas anglosajones pintaron el pasado español con tonos sombríos, caracterizando al español como un pueblo intolerante, oscuro y profundamente racista. (Naturalmente, los hijos de la pérfida Albión no tienen nada que ver con estos terribles baldones. Faltaría más.)

    Capitán Blood, de Rafael Sabatini, no es ajena a esta interpretación tan sesgada de la historia. Avisado queda el lector de que al acometer su lectura tendrá que perdonar —aunque no olvidar— que los españoles son los malos de la historia, sin más matices. Al cabo, Sabatini escribía folletines en inglés, y el género y el mercado lo exigían. No obstante, hay atisbos en la prosa del italiano que indican que callaba bastante de lo que sabía. Sorprende leer, por ejemplo, cosas como esta:

    —No comprendéis —dijo—. Me limito a trataros a vosotros, perros ingleses, exactamente como vuestros perros ingleses han tratado a los españoles en el mar, ¡infernales bandidos! Y yo tengo la nobleza de hacerlo en mi propio nombre, mientras que vosotros, monstruos de perfidia, vosotros enviáis a vuestros capitanes Blood, a vuestros Hagthorpes y a vuestros Morgans contra nosotros, y os quitáis luego de encima toda responsabilidad por lo que hacen. Os laváis las manos como Pilatos —y soltó una carcajada—. Permitid, pues, que España se las lave también. Permitidle que se desentienda de toda responsabilidad cuando vuestro embajador en El Escorial vaya gimiendo a quejarse ante el Consejo Supremo por este acto de piratería del almirante don Miguel de Espinosa.

    (Capitán Blood, página 247)".

    Tomado de aquí: http://www.jmbravo.com/resena-capitan-blood-rafael-sabatini/

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    1. Totalmente de acuerdo con su apostilla. Si bien he de señalar que esta (El capitán Blood), es la menos antiespañola de las novelas de piratas de Sabatini (la palma quizás se la llevaría El Halcón del mar). En todo caso en la época en que se desenvuelve la acción (que correspondería al reinado en España de Carlos II), fue tumultuosa y variable en lo que se refiere a las alianzas internacionales de España y, por tanto, alternante en lo que se refiere a la nacionalidad de los adversarios corsarios que tuvieron que sufrir los navíos y las plazas españolas en ultramar. De hecho, en la denominada Guerra de los nueve años (1688-1697), hubo una alianza anglo-española contra la Francia de Luis XIV, que bien puede corresponder al desenlace de la novela, la cual se desarrolla entre dos acontecimientos históricos conocidos: su comienzo se sitúa en la Revuelta de Monmouth contra Jacobo II de Inglaterra (1685) y su final en la proclamación de Guillermo (Guillermo III) como rey de Inglaterra, el 13 de febrero de 1689.

      Por lo que se refiere a los actos de corso españoles, parece ser que estos fueron meramente defensivos, resultado de las constantes agresiones por parte de piratas y corsarios ingleses, franceses y holandeses y de la manifiesta impotencia para perseguirlos y/o prevenirlos de la capidisminuida Armada española de aquellos tiempos de decadencia imperial. En todo caso, la corona española se resistió largo tiempo a conceder patentes de corso, aunque finalmente las circunstancias le obligaron a reconsiderar el asunto.

      Un saludo cordial.

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    2. Detallada explicación, Miguel, ¡gracias!.

      Y es que esto de la piratería y las patentes de corso parece resulta una necesidad concreta en ciertos momentos de muchas naciones. De hecho, hace poco vine a saber con sorpresa que incluso mi país, Argentina, tuvo sus corsarios, en tiempos de la independencia; corsarios que, como era previsible, fueron contra los objetivos de España en todo lugar que pudieran... incluso en el actual EE.UU.:

      https://www.youtube.com/watch?v=gzy8j4ZHs04

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  2. http://iotaunum.com/christopher-robin

    Un pequeño homenaje a unos personajes entrañables y a tu magnifico blog.

    Gracias Miguel

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    1. Muchas gracias Capitán! Hemos visto la película en familia y suscribo, palabra por palabra, tu comentario. Hemos tenido la misma impresión y hemos hecho la misma lectura. Es una película que vale la pena ver.

      Un saludo cordial.

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