| Ilustración de «Los cisnes mágicos». Nikolai Ustinov (1937-2023). |
«Lo bello, en cambio, se refiere a la facultad cognoscitiva; pues se llaman bellas las cosas que, al ser vistas, agradan».
Santo Tomás de Aquino
«No hay otro camino para hacer razonable al hombre sensible que hacerlo primero estético».
Friedrich Schiller
Les he hablado numerosas veces de la importancia de que unas ilustraciones bellas completen, adornen y den esplendor a un buen libro. No se trata únicamente de una función estética o del mero deleite ante la contemplación visual, lo cual no es en absoluto negativo; todo lo contrario.
Lo que ocurre es que la belleza no limita a eso su efecto. Es uno de los trascendentales, y esto debería indicarnos algo respecto de su importancia. Porque, aunque el efecto concomitante que naturalmente debería traer consigo el trato con lo bello es el deleite, la belleza no es simplemente «lo que agrada al gusto». Como nos diría Aquino, lo bello (pulchrum) es propiedad trascendental del ente: es el splendor formae que manifiesta la integridad, proporción y claridad del ser.
Y eso suena a grandeza, a asombro, a trascendencia.
Cierto es que esta no se manifiesta solo en el arte, ni tampoco únicamente en el pictórico. Pero el impacto en el alma de una imagen bella —un cuadro, un dibujo, una ilustración— es considerable. Como diría de nuevo el Aquinate, el arte es «la recta razón en el hacer», ordenada a producir objetos en los que resplandezca la verdad del ser bajo una forma bella. Y la pintura y la ilustración son caminos de expresión de esa belleza, tan contundentes como impactantes.
Como la belleza es el esplendor de la forma y el orden en la cosa (splendor veri), el arte que la muestre debe elevar hacia lo verdadero y lo bueno. Por esa razón, como les he insistido siempre, los libros que pongan en manos de sus hijos deberían tener bellas ilustraciones; piezas que respondan a todo lo antedicho.
Hoy les traigo una colección que puede dar respuesta a esta exigencia, tan difícil de satisfacer hoy en día. Me refiero a una de esas series por entregas, generalmente diseñadas para el consumo y que, al menos en su intención primera, suelen carecer de sensibilidad artística. Hechas normalmente con retales de otras ediciones a las que se les da un lavado de cara para el escaparate publicitario, en ocasiones pueden encerrar tesoros. Este es el caso, aunque la edición sea mejorable.
Se trata de la colección editada en España por RBA denominada «Historias maravillosas», plagada de obras clásicas e ilustradores magníficos (prácticamente todos de la denominada «Edad de Oro» de la ilustración). Los títulos que en este momento se hallan disponibles a la venta son los siguientes:
• Bambi, de Felix Salten (Ilustrado por Kurt Wiese).
• El libro de la selva, de Rudyard Kipling (Ilustrado por M. y E. Detmold y W. Henry Drake).
• Pinocho, de Carlo Collodi (Ilustrado por Attilio Mussino).
• El pájaro de fuego y otros relatos, recopilados por A. Afanásiev (Ilustrado por Iván Bilibin).
• Al este del sol y al oeste de la luna, cuentos recopilados por P. C. Asbjørnsen y J. Moe (Ilustrado por Kay Nielsen).
• Las hadas flores, de Cicely Mary Barker (Ilustrada por ella misma).
• Vieja Navidad, de Washington Irving (Ilustrado por Cecil Aldin y Randolph Caldecott).
• Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll (Ilustrado por María L. Kirk y John Tenniel).
• El viento en los sauces, de Kenneth Grahame (Ilustrado por Ernest H. Shepard).
• Caperucita Roja y otros relatos, de Charles Perrault (Ilustrado por Harry Clarke).
• Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (Ilustrado por Gwynedd M. Hudson).
• Las mil y una noches, recopiladas por Andrew Lang (Ilustradas por Virginia Frances Sterrett).
• Peter Pan y Wendy, de J. M. Barrie (Ilustrado por Alice B. Woodward).
• La Sirenita y otros cuentos, de Hans Christian Andersen (Ilustrado por Harry Clarke).
• La Bella y la Bestia, versiones de G. S. de Villeneuve y J. M. Leprince de Beaumont (Ilustradas por Walter Crane y Edmund Dulac).
Lamentablemente, he sabido de la colección tarde y ya no se encuentra en los quioscos, pero los libros todavía pueden conseguirse realizando un pedido directamente en la web de la editorial (sección «Coleccionables», apartado «Números atrasados») a un precio muy asequible.
En todo caso, animaría a la editorial a que volviera a lanzarla al mercado y, a ser posible, ampliando sus títulos, pues al parecer en lugares como México o Argentina la colección constaba de hasta cincuenta volúmenes. Aunque la edición pudiera ser mejorable en cuanto a portadas y tamaño, el conjunto vale realmente la pena. Intenten hacerse con ellos; no se arrepentirán.
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